LLANES, UN PUEBLO QUE VIVIÓ VARIAS CENTURIAS DE LA CAZA DE BALLENAS

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Siguiendo con el pasado ballenero de Llanes y en recuerdo de la exposición “Ecos de Ballenas en Santa Ana”, traemos un texto del escritor llanisco Vicente Pedregal Galguera, abanderado de la historia llanisca.

“A orillas del Cantábrico, en cuyos acantilados se encuentran tantos pueblos encanto de turistas, hay una villa que destaca por sus costumbres envueltas en el rancio olor de la tradición; muy conocida por la idiosincrasia de sus hijos, por el esplendor de sus fiestas, estuche en el que guarda las canciones y bailes típicos con justeza de antaño y el traje regional,que exhibe ante la admiración de forasteros y veraneantes.

Esta villa es Llanes, que con la suntuosidad de sus casas que bordean las asfaltadas calles, da la impresión de ciudad moderna; pero que esconde en sus recónditos rincones recuerdos atrayentes del pasado, dignos de ser conocidos.

El viajero que pasa no tiene tiempo para enterarse de que en su archivo guarda los interesante pergaminos de su fuero, copia del de Benavente, lo que acrecienta su mérito, pues éste no ha llegado a nuestros días. Ni puede contemplar su torre medieval, escondida por el moderno edificio del Casino. Menos revisar el documento en que Enrique IV nombra su alcalde a Fernando Duque de Estrada. Ni visitar las casas antañonas de  Juan Pariente, en que posara Carlos V el emperador, ni el sitio donde el recién desembarcado monarca viera la primera corrida de toros al pisar tierra española, y que detalladamente describe su cronista Laurent. Ni las ruinas del palacio Vega de Sella, descendiente del contador de Juan II, otro Juan Pariente. Ni las de Rivero, más antiguas  que las murallas de la villa, hoy de los Gastañaga. Ni ver el pequeño puerto, ante cuyas diminutas dimensiones parece cuento la verdad de la Historia, que documentalmente nos prueba como en él se albergaban  aquellos intrépidos pescadores que figuraron en nuestras gloriosas expediciones y en las adversas, cual la Invencible, con barcos fletados por su Cabildo.

Estos marinos fueron el alma de Llanes. Sus quiñones constituyeron durante muchos siglos el único recurso financiero que soportó las cargas de la vida concejil. Los productos de la pesca de la ballena, su mayor fuente de ingresos. Y con ellos, no solo vivieron, sino que se defendieron contra el señor y el detentador de sus libertades.

De tales tiempos quedan como recuerdos vivientes la antigua casa del Gremio, con su capilla dedicada a Santa Ana, San Nicolás y San Telmo, en que hace poco pendían de la bóveda las embarcaciones en miniatura, procedentes de los exvotos de los marinos. La Casa de las ballenas, donde se beneficiaba el cetáceo. En sus muros aún se descubren trozos de osamenta de aquel mamífero. La ventana de las sirenas, en que el buril cinceló y plasmó la tradición de aquellas engañosas habitantes de los mares. Los capiteles, restos de las columnas románicas de la primitiva parroquia. Y los libros del Ayuntamiento,donde constaban con signos antiguos el importe de los quiñones, de los pataches,las corbetas, las pinacas y navíos, que pagaban como diezmo de sus pescas al pueblo; o los arrendamientos de la ballena, en que se cedían los productos de tal pesca en un tanto anual, si bien se reservaban el que producían las barbas y mondongos, que se vendían por parte.

Todas estas subastas y ventas se hacían por pujas a la llana en el salón del Cabildo, ante un crucifijo colocado sobre la mesa y ante un trozo pequeño de vela, cuya consumición señalaba el límite de las pujas.

Todos estos detalles nos demuestran que el Cantábrico era rico en ballenas que se pescaban en la misma costa”.

Imágenes, Valentín Orejas

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