Muchos llaniscos, y en especial los simpatizantes del Bando de San Roque, sabemos que la Hospedería del Santo de Montpellier fue fundada en el año 1330 para descanso de los peregrinos que iban a San Salvador de Oviedo y a Compostela.
También, tenemos referencia de que, una vez cesadas las peregrinaciones, se convirtió en el Hospital del Concejo, y que pegado al mismo se encontraba la Capilla, existiendo en la pared medianera unos huecos, una suerte de ventanas, para que los enfermos pudieran oír misa desde la cama.
Asimismo, somos conocedores de que el hospital ocupaba un edificio de unos doce metros de fondo por cinco de ancho, que no contaba con otra comunicación con el exterior que la puerta de entrada, y que el acceso al piso superior, reservado para quien tenía a su cargo los menesteres que hacían funcionar la institución, era a través de una escalera interior de piedra.
Y recordamos haber escuchado hablar de que la última encargada, que reunía la condición de enfermera, cocinera, aguadora y amortajadora, se llamaba Asunción y que rezaba rosarios de su invención:
“¿Quién cómo Dios? Como Dios naide”, decía uno de ellos.
Lo que ya no es de tanto conocimiento general, es que aquel hospital, que no podía atender a las necesidades del Concejo y que al extenderse la Villa iba quedando entre las casas con perjuicio para la higiene, quitaba el sueño a Egidio Gavito Bustamente, celoso alcalde de Llanes, que vio la solución en la construcción de un edificio moderno y municipal.
Así que como primer paso gestionó con los patronos del hospital de San Roque la venta de la antiquísima institución, y con su producto, donativos y fondos municipales, proyectó un nuevo centro sanitario.
Además, otro ilustre llanisco, Román Romano, siempre altruista, secundó al alcalde ofreciendo un solar en la carretera a Pancar, donación que fue aceptada por el Concejo, después de agrias discusiones debido a la ubicación y a la dificultad de cimentación.
Ocurría esto entre 1896 y 1898, inaugurándose el hospital en ese último año, bajo la dirección de Manuel de la Vega Marcos y encargándose de la administración las HH. Religiosas del Buen Consejo.
El hospital constaba de planta baja con recibidor, cocina, capilla y dos salones y en la planta alta, dos amplias salas, sala de operaciones, cuartos de baños y clausura para las monjas.
Es de resaltar que el Reglamento, redactado por Don Egidio, aunque asesorado por expertos en la materia, rigió hasta los últimos años de vigencia del hospital.
Nunca Llanes podrá agradecer los desvelos y el buen hacer de aquel alcalde, bajo cuyo mandato la administración municipal de la Villa y el Concejo brilló por su honestidad, convirtiéndose en extraordinario que, en aquellos tiempos tan aciagos de España, nuestras arcas municipales cubrieran puntualmente todos sus compromisos.
Sirvan estas lineas como un homenaje a Don Egidio, “El Alcalde de Llanes”, hombre pequeño de cuerpo pero grande de espíritu.
Fuente, “El Oriente de Asturias”
Imágenes, Valentín Orejas y álbum familiar Mijares-Gavito







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