Aunque no existe constancia histórica oficial de una entrevista en Llanes de Alfonso XII con José Posada Herrera, tratándose más bien de una leyenda o rumor de época, de la mano de Fernando Carrera, que escribió un artículo, en “El Oriente de Asturias”, titulado “Visita Regia”, nos vamos a hacer eco de un supuesto encuentro del rey con el político llanisco.
Relata el escritor que un viejo sereno, llamado Feliciano, le había contado que cierto día lo llamó Posada, el cual le llevó con misterio a su despacho y le dijo que, desde las 10 de la noche, tenía que ponerse de guardia en la Venta de la Uña, advirtiéndole de que no hablara con nadie, ni cantara las horas. Agregando que, al sentir venir un carruaje, saliera a la carretera con el farol en alto. Y que sin decir palabra, solo contestando a lo que le preguntasen, guiara a los dos caballeros que venían en el coche hasta su casa.
Así lo hizo el sereno, que continuó relatando a Carrera que al llegar al portalón, con los dos viajeros, dio tres golpes con el chuzo, contraseña acordada con el dueño de la casa, tras los cuales se abrió la puerta del zaguán, que estaba iluminado y con flores a ambos lados de la escalera. Inmediatamente, por ella bajaron Don José, de levita cerrada, y Doña Dolores, en traje de gala.
Acto seguido, el visitante se desembozó, y Feliciano pudo ver las patillas alfonsinas, reconociendo, sin ninguna duda, ya que era igual que la efigie de las monedas, al rey de España.
Entonces, Posada hizo una reverencia, el rey le apretó la mano, Doña Dolores haciendo una genuflexión beso la mano enguantada de don Alfonso, este besó la suya y dándole el brazo subieron las escaleras.
El rey y doña Dolores delante y don José detrás. El otro caballero, que según el sereno debía de ser un general, se quedó de guardia en la calle.
Tras más de dos horas, salió el rey acompañado por Posada, se despidieron y el sereno alumbró a las dos viajeros hasta las Barqueras donde les esperaba el carruaje.
En el camino, escuchó Feliciano que el rey comentaba con su acompañante que don José era muy simpático e inteligente, añadiendo que su padre siempre le había dicho que podía fiarse de Posada, ya que era fiel a la Corona, más que muchos conservadores, siendo una lastima que se hiciera viejo.
Para finalizar el relato, Feliciano contó que “el general” puso en su mano una moneda de oro de cinco duros, y le encomendó que olvidara todo lo que había visto y oído.
El que fuera Cronista Oficial de Llanes justifica aquella visita en los rumores de que el rey de España no quería contraer segundas nupcias sin oír el consejo de don José.
No sabemos cual fue la recomendación de Posada Herrera, pero don Alfonso XII se casó con doña María Cristina de Habsburgo y Lorena el día 29 de noviembre de 1879.
Fuente, “La Historia y la Anécdota” de Fernando Carrera
Imagen, Valentín Orejas








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