Ese banco de piedra de nuestro Paseo de San Pedro es mucho más antiguo que el propio paseo actual, pues en él aparece grabada la fecha de 1720, como el año de su construcción, o al menos su existencia ya en ese año
En la costa asturiana, lugares como Llanes tenían un sistema de vigilancia bastante organizado, y aunque los vigías no eran de “corte militar” (no eran soldados profesionales la mayor parte del tiempo), en el sentido moderno eran figuras clave para la vida diaria de la Villa.
Ese “banco”, del que podríamos decir que es un anexo al puesto de observación de “la atalaya” no está ahí por casualidad, pues si os fijáis está colocado en un punto estratégico y lo suficientemente cómodo como para permanecer mucho tiempo sentado mirando la Mar, siendo en esencia una mezcla entre lugar de descanso y puesto de guardia permanente, donde se situaban los vigías para controlar lo que ocurría en la Mar, ya que desde ese punto elevado se domina toda la costa hasta la “cinta de la Mar”. siendo como una pequeña “torre de control” primitiva, un lugar clave para la economía pesquera, la seguridad y la comunicación de la villa.
Sus funciones principales era el avistamiento de barcos detectando la llegada de embarcaciones, tanto comerciales como pesqueras, para un mejor control del puerto, y la vigilancia y defensa, en épocas de peligro, cuando se encontraban en tiempo de guerra detectando barcos de gran porte o flotas de corsarios o piratas, lo que les permitía alertar rápidamente a la población, y cuando veían algo relevante daban señales visuales o acústicas (humo por el día, fuegos por la noche, gritos y campanas), que les permitía avisar en minutos a pescadores, comerciantes o autoridades, trasmitiéndolo rápidamente al pueblo.
En tiempos de paz, uno de los más importantes cometidos de los vigías, por no decir el más importante, era el de apoyo a la pesca, avisando a los pescadores cuando divisaban bancos y manjúas de peces o detectaban relevantes movimientos en la Mar.
En este caso, los servidores de estos observatorios eran gente del propio pueblo con gran conocimiento de la Mar, marineros experimentados o pescadores veteranos
con los conocimientos suficientes como para interpretar corrientes, manchas de peces y cambios del tiempo, colocados como ya hemos dicho en puntos estratégicos, (como el “canapé” o la “atalaya” cercana, estableciendo una especial atención de vigilancia en horas clave, como podían ser al amanecer y atardecer, cuando llegaban barcos o se faenaban en circunstancias anómalas.
Antes de tecnologías modernas, estos vigías eran literalmente el “radar humano” de la costa, donde su experiencia podía marcar la diferencia entre salir a pescar con éxito, o evitar un naufragio por mal tiempo.
Un abrazo, buena Mar y hasta la vista amigos.
Fernando Suárez Cué

Paseo de San Pedro’ Al fondo los restos de la antigua ‘Atalaya’ (c.1884)

El denominado ‘resbalón’, en el incomparable Paseo de San Pedro. (1850)






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