Paseando por ciertas playa sobre todos las de nuestras islas Baleares, nos podemos encontrar unas acumulaciones esféricas de fibras muertas de la planta marina nativa del Mediterráneo, la “Posidonia oceánica”, que es una planta, y no una alga, pues tiene raíces, “tallo” o “rizoma” (un tallo subterráneo que puede extenderse a lo largo de kilómetros), que aparecen naturalmente en la Mar. Estas bolas, también llamadas “egagrópilas” (“bola de restos orgánicos”), se forman cuando las hojas de posidonia, al desprenderse en otoño, el oleaje las entrelaza, creando estas esferas compactas. Son “las pelotas de Neptuno”.
En dos fases bien diferenciadas, las praderas de posidonias, endémicas del mar Mediterráneo, actúan de dos formas diferentes, primero como un freno a las corrientes, atrapando sedimentos, plásticos y “microplásticos” entre sus hojas, hojas que al desprenderse de la planta arrastran entre sus fibras estos materiales, hasta ser depositadas en las playas por efecto de las corrientes y el oleaje. Solo el 17% de las bolas de Neptuno contenían plástico, pero donde se encontró, estaba densamente empaquetado, casi 1.500 piezas por kilogramo
Investigaciones llevadas a cabo sobre esta planta, han encontrado una alta concentración de fragmentos plásticos dentro de estas bolas, y aunque no son una solución al problema de la contaminación, si producen una ayuda para la limpieza de las aguas, recordándonos al mismo tiempo que el plástico que llega a la Mar debe ser reducido y evitado.
La presencia de estas “pelotas de Neptuno” nos indica que hay praderas de posidonia sanas y una buena calidad del agua, ya que son muy sensibles a la contaminación, siendo vitales para el ecosistema marino, ya que oxigenan el agua, estabilizan el fondo marino y sirven de refugio para muchas especies, así como el alimento de otras que incluyen, principalmente al pez herbívoro “salpa” (Sarpa salpa), algunos peces “lábridos” (pez doncella y maragota”), “espáridos” (dorada, sargo, besugo, lubina y pargo) y el “erizo de mar morado” (Paracentrotus lividus), además de una gran variedad de animales se refugian en sus praderas para alimentarse de otros organismos que viven allí, como crustáceos, moluscos, erizos de mar y cefalópodos.
Nota: Se le llama “poseidonia” porque su nombre científico, “Posidonia oceánica”, deriva del griego “Poseidón”, el dios griego del mar, debido a que es una planta marina que vive en las profundidades del Mediterráneo, formando extensas praderas submarinas que son vitales para el ecosistema marino.
Aunque comúnmente se confunde con un alga, cuando en realidad es una planta superior con raíces, tallos, hojas y flores, su nombre completo significa «la planta de Poseidón que vive en el océano» (aunque solo en el Mediterráneo), y que servían de alimento a los “Hipocampos”, criaturas mitológicas mitad caballo y mitad pez (o “serpiente marina”), que tiraban del carro de Poseidón simbolizando su poder sobre las aguas.
La “Posidonia oceánica” es una especie que, como ya hemos dicho tan solo se da en el mar Mediterráneo, creciendo y desarrollándose para formar praderas sobre los lechos marinos, desde la superficie hasta aguas más profundas entre los 30 m. y 40 m., necesitando para ello un hábitat de aguas limpias, transparentes y oxigenadas. En aguas muy transparentes, pueden llegar a profundidades cercanas a los 100 metros.
Un caso curioso y que todos deberíamos conocer, es la humilde posidonia actúa como pulmón y filtro marino, produciendo oxígeno en grandes cantidades, capturando carbono disuelto LAS «PELOTAS DE NEPTUNO»
y manteniendo las aguas limpias y transparentes.
Es tan relevante su función ambiental que se estima que “1 metro cuadrado” de pradera de posidonia genera tanto oxígeno como el equivalente a “10 metros cuadrados” de bosque tropical. En cuanto a su capacidad de capturar y almacenar carbono, está probado que la posidonia también puede atrapar más del doble del carbono que los bosques tropicales y templados del mundo. De esta forma, las praderas contribuyen a la mitigación de los efectos del calentamiento global.
En España, se encuentran importantes praderas en las costas de las Islas Baleares, Cataluña y la Comunidad Valenciana, sobresaliendo las extensas praderas de las “Islas Pitiusas” (Ibiza y Formentera), que alcanzan longitudes de varios kilómetros y que fueron declaradas “Patrimonio de la Humanidad” por la UNESCO.
Las Islas Baleares tienen una extensión de 55.795 hectáreas (558 kilómetros cuadrados), de “pradera de Posidonia”, de las cuales 7.650 (77 km2) corresponden a las aguas de Formentera (la denominada “pradera e Formentera). Una de las más notables del Mediterráneo, y con la particularidad, de que la “Posidonia oceánica” está considerada como el ser vivo más longevos de la Tierra, con colonias que pueden superar los 100.000 años de antigüedad, aunque el crecimiento individual de sus hojas es muy lento, centímetro a centímetro al año, esta longevidad les ha permitido ir formando grandes praderas que funcionan como verdaderos bosques submarinos.
Por último, hay que seguir el consejo isleño, que recomienda no recogerlas, así que ya sabes, cuando te encuentras estos restos vegetales no pienses… ¡Qué sucia está la playa!… sino todo lo contrario. Hay que dejarlas, al dejarlas, pues estas pelotas aportan humedad y nutrientes a la arena y son una parte muy importante del ecosistema costero.
Un abrazo, buena Mar y hasta la vista amigos,
Fernando Suárez Cué

Foto (1) ‘Pelota de Neptuno’.

Foto (2) ‘Pelotas de Neptuno’ con plástico atrapado entre sus fibras.

Foto (3) ‘Posidonia oceánica’.

Foto (4) Pradera de ‘Posidonia oceánica’





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