La popular gula, que no nació como un intento de engaño gastronómico, surgió, a finales de los años 80, como respuesta directa a la falta de angula.
Su creador fue alguien vinculado desde muy joven al mundo angulero, Álvaro Azpeitia, consciente de que el modelo tradicional ya no se sostenía.
La idea le vino a la cabeza en una Convención empresarial en Texas, USA, al descubrir el surimi, la carne de pescado picada de los japones, que en esa isla llevan siglos utilizando.
Se le ocurrió, que si se podían imitar los crustáceos, ¿ por qué no intentarlo con las angulas?.
Además, la angula no es un producto sabroso en sí mismo, su atractivo reside en su textura y su forma de prepararlo.
La ejecución era complicada, pues no existía una máquina capaz de reproducir el diminuto tamaño de la angula y su textura.
Tras muchos intentos fallidos durante años, el resultado fue un sucedáneo elaborado a partir del surimi, moldeado para imitar la forma de la angula.
El producto llegó al mercado en diciembre de 1991 y su éxito fue rotundo.
Con la caducidad de la patente, otras marcas comenzaron a fabricar sucedáneos similares.
Las gula se ha convertido en un producto muy versátil, pues se pueden cocinar salteadas, en revueltos, en ensaladas, funcionan con huevos, con verduras, pescados y mariscos, con pasta o simplemente aliñadas con ajo y guindilla.
Imagen, Valentín Orejas






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