La costumbre de enterrar a las personas dentro de capillas, iglesias y basílicas fue muy común en Asturias durante muchos siglos, especialmente desde la Edad Media hasta finales del siglo XVIII y, en algunos lugares, hasta los comienzos del siglo XIX.
Si nos centramos en estos enterramientos efectuados “ad sanctos” («junto a los santos»), en nuestra Villa de Llanes ya que durante la Edad Media y la Edad Moderna se creía que ser sepultado cerca del altar o de reliquias de santos favorecía la salvación del alma y era un gran honor, nos encontramos con algunos datos curiosos referenciados a nuestras construcciones religiosas como pudieron ser…
La capilla que, bajo la advocación de “Santa María Magdalena”, se edificó en el solar de un templo medieval anterior, datado en el siglo XIII y que, según la tradición y los estudios históricos, se considera la primitiva “Iglesia Parroquial” de Llanes. Aunque diversas fuentes históricas indican que ejerció esa función antes de que la población creciera y se construyera la Iglesia de “Santa María del Concejo”, que pasó a ser la nueva parroquia de la villa.
Hay que hacer una pequeña precisión histórica, algunos textos afirman categóricamente que fue la antigua parroquia, mientras que otros hablan de que «se supone» o «con toda probabilidad» lo fue, porque la documentación medieval no es completamente concluyente. En cualquier caso, existe un amplio consenso entre los historiadores locales en que la capilla de la Magdalena fue el primer templo parroquial de Llanes
No consta que la Capilla de la Magdalena de Llanes funcionara como lugar habitual de enterramiento, a diferencia de la Basílica parroquial. Sin embargo, debido a que fue, como ya hemos dicho, con toda probabilidad la antigua iglesia parroquial de la villa entre los siglos XIII y XIV, es muy probable que durante ese período existieran sepulturas en su interior o en el atrio, como era costumbre en las iglesias medievales. No se ha publicado un listado de personas enterradas en la capilla, ni tampoco se conocen excavaciones arqueológicas que hayan documentado sepulturas en su interior.
Si existieron enterramientos medievales, es probable que desaparecieran o quedaran alterados por las sucesivas reformas e incendios sufridos por el edificio, y desde entonces no hay constancia documental de que la capilla mantuviera un cementerio propio ni de que acogiera enterramientos regulares.
Ahora bien, con la construcción de la Basílica de “Santa María del Conceyu”, la función parroquial pasó a este nuevo templo y los enterramientos se trasladaron allí, y fue durante siglos el principal templo parroquial de la villa y, como era habitual en las iglesias medievales y de la Edad Moderna, acogió enterramientos tanto en su interior como en su entorno inmediato.
Claro ejemplo y abalado por históricos datos, es la capilla de la “Santísima Trinidad” de Llanes (o popularmente como de Juan Pariente), en el interior de la nave Norte de la Basílica, que fue fundada por Juan Pariente en el Siglo XV como capilla funeraria y panteón familiar, lugar de enterramiento de este linaje, y donde está enterrado Juan Pariente, “Caballero de la Orden de Calatrava” y alto funcionario de las cortes de Juan II de Castilla y Enrique IV de Castilla, junto a su esposa Mayor de Nava.
Otro personaje histórico que fue enterrado, aunque provisionalmente, en la Basílica “Santa María del Concejo”, fue el descubridor Pedro Menéndez de Avilés, fundador de la ciudad de San Agustín de la Florida (St. Agustine), que murió en Santander en septiembre de 1574 cuando regresaba a España.
Su cuerpo iba a ser trasladado por mar a Avilés, pero una fuerte tormenta obligó al barco a refugiarse en Llanes. Como el cadáver ya presentaba un avanzado estado de descomposición, fue enterrado temporalmente en la Iglesia Parroquial de Llanes.
Años más tarde, en 1591, sus restos fueron exhumados y trasladados a Avilés por iniciativa de familiares y autoridades de la Villa.
También hubo sepulturas bajo el pavimento de las naves, pertenecientes a familias de la villa, una práctica común hasta que las disposiciones sanitarias de finales del siglo XVIII y principios del XIX prohibieron los enterramientos dentro de las iglesias.
Pero hay que distinguir entre “patronazgo” y “enterramiento”, ya que es muy probable que miembros de estas familias fueran enterrados en el Templo, como era habitual entre la nobleza local, pero la documentación conservada solo identifica con claridad el panteón de Juan Pariente, mientras no se conserva un listado completo de las sepulturas de los Posada, Rivero, Estrada o Junco dentro de la basílica.
Los Posada–Junco, están bien documentados que el obispo, consejero real y miembro del Santo Oficio, Pedro Junco Posada que quiso ser enterrado en la Basílica, pero los vecinos le negaron ese derecho al haber sido ésta construida por el concejo de Llanes.
Los Posada, Rivero y Valdés, familias que estuvieron estrechamente vinculadas al patronato de la iglesia y al entorno de la plaza. Fueron los linajes fundadores del propio Palacio de Posada Herrera
Los Duque de Estrada, también fueron patronos de capillas y propietarios del gran palacio contiguo a la basílica, por lo que es muy probable que hubiera enterramientos familiares relacionados con el templo, aunque no existe un inventario moderno publicado de todas las sepulturas
Donde si hubo enterramientos, por la documentación conservada, sí existen referencias documentales a enterramientos fue en los entornos de la “Capilla de la Virgen de Guia” pero no se trató de un panteón nobiliario permanente como la capilla de la Trinidad de la basílica, pues a finales del siglo XVIII se habilitó de forma excepcional, un pequeño cementerio provisional junto a la ermita, cercando un espacio para realizar inhumaciones. y allí. un cementerio provisional junto a la ermita,
Según la documentación recopilada por el historiador Vicente Pedregal, hubo enterramientos durante varios periodos como fueron, del 12 de febrero al 6 de junio de 1812, y del 1 de noviembre de 1814 hasta el 25 de agosto de 1816, y nuevamente en abril de 1818.
Estos entierros fueron una medida extraordinaria, relacionada con las difíciles circunstancias de la época, como fue la Guerra de la Independencia Española, con duración de 6 años, desarrollándose desde el Levantamiento del 2 de mayo de 1808 hasta la firma del “Tratado de Valençay” y la salida de las tropas francesas a finales de diciembre de 1813 e inicios de 1814,. y los problemas sanitarios que afectaron al funcionamiento de los cementerios parroquiales. No consta que la ermita funcionara como cementerio permanente.
En el caso de la “Capilla de San Roque de Llanes”, no conozco constancia documental de que funcionara como lugar de enterramiento ni de que dispusiera de un cementerio propio. Su origen estuvo ligado a un hospital de peregrinos, fundado en 1330 por el presbítero Juan Pérez de Cue, destinado a acoger y asistir a los caminantes del Camino de Santiago. De ese conjunto solo se conserva la capilla.
Es posible que en el hospital fallecieran peregrinos o enfermos, pero las fuentes históricas conocidas no mencionan enterramientos en la capilla. Lo habitual era que los difuntos fueran sepultados en el cementerio parroquial o en la iglesia parroquial de la villa, es decir, la Basílica de “Santa María del Conceyu”
Respecto a la capilla del “Gremio de los Honrados Mareantes de San Nicolás” de Llanes, construida como templo gremial y de devoción para los marineros, en el Siglo XV, no hay constancia documental de que fuera utilizada como lugar de enterramiento.
En el transcurso de los Siglos XVI-XVII, la capilla fue profundamente reformada y culminando su configuración actual en 1622.
Desde entonces pasó a conocerse como “Capilla de Santa Ana”, aunque nunca desapareció el culto a San Nicolás, ya que en el retablo conserva imágenes de Santa Ana, San Telmo y San Nicolás, lo que refleja la continuidad de la tradición marinera.
Un abrazo, buena Mar y hasta la vista amigos.
Fernando Suárez Cué

Capilla de la Magdalena

Basílica de Nuestra Sra. del Concejo, (1895)

Capilla de la Virgen de Guia, (1890).

Capilla de San Roque, (1914)

Capilla de Santa Ana, (1950)





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