El bocarte, también conocido con el nombre de boquerón o anchoa, es una especie pelágica que en invierno habita en fondos hasta 150 m., en primavera-verano asciende y se acerca a la costa, lo que define la temporada de su costera.
La evolución de esta pesquería en el Cantábrico ha experimentado grandes transformaciones, pasando de los métodos artesanales a técnicas de cerco mecanizado, que permiten minimizar la captura incidental de otras especies.
Los años 20 del siglo pasado marcaron un hito con la llegada masiva de industriales sicilianos al Cantábrico, impulsando la industria de salazón y conserva del bocarte.
El sector de esta pesquería ha pasado por crisis severas debido a la sobrepesca, incluyendo cierres en la primera década del siglo XXI, lo que obligó a una gestión mucho más estricta de la cuota y temporada.
En el año 2005, la población de bocarte tocó fondo debido a años de sobrepesca y condiciones oceanográficas desfavorables.
La situación era tan crítica que ese año la flota apenas pudo capturar una tonelada de ese pescado. Ante la posibilidad de una desaparición irreversible, se decretó el cierre total de la pesquería que duró cinco años, desde julio de 2005 hasta junio de 2010.
La veda biológica estricta funcionó de manera sobresaliente. Al no haber barcos capturando los ejemplares, la especie, que tiene un ciclo de vida corto, de 2 a 3 años, y una alta capacidad reproductiva, logró multiplicarse de forma exponencial.
Antes del cierre, la biomasa cayó por debajo del límite de peligro ecológico, fijado en 21.000 toneladas.
Tras la reapertura, la biomasa no ha dejado de crecer. En los últimos años, los estudios científicos han registrado datos históricos, superando con creces la media histórica de 80.000 toneladas, y alcanzado picos de abundancia extraordinarios.
La abundancia actual, que se nota en los puertos, se debe a topes de captura estrictos, ya que aunque “hay mucho” la cantidad total permitida está estrictamente topada para garantizar que siempre quede un colchón gigante de peces adultos para reproducirse al año siguiente.
Y, también, a la concienciación del sector, que entendió que respetar las cuotas y los tamaños mínimos eran la única forma de asegurar el pan del futuro.
Hoy en día, el bocarte cuenta con sellos intencionales de pesca sostenible, demostrando que cuando se deja descansar a la naturaleza de forma estricta, el mar responde con una abundancia increíble.
La costera del bocarte, a la que se ha asignado en este año del 2026 30.485 toneladas, más que en el 2015, comenzó el 3 de marzo, participando 218 buques de cerco de Asturias, Galicia, Cantabria y País Vasco.
Esta campaña, que está destacando por la alta calidad del pescado, con tamaños importantes, ha cobrado desde finales de abril una gran fuerza.
La pesquería del bocarte se controla mediante un estricto sistema de gestión pesquera que combina límites de capturas, regulación temporal y vigilancia tecnológica para la garantizar la sostenibilidad de la especie.
La nueva normativa de la UE exige a la flota el uso de diarios electrónicos y avisos previos de llegada a puerto para controlar el consumo de la cuota en tiempo real, con inspecciones frecuentes en puerto y a bordo.
Imagen, Valentín Orejas






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