Con motivo del viaje de Alfonso XIII y Victoria Eugenia a Covadonga en 7 de septiembre de 1918, se tuvo noticia en Llanes de que los reyes a su regreso pasarían, se detendrían e incluso pernoctarían en Llanes.
La villa se regocijó. Se discutió sobre donde se alojarían Sus Majestades, acordando que sería, por sus condiciones y contar con oratorio y comodidades, la casa de Benito Posada Herrera.
En cuanto al otro alojamiento propuesto, en el que en su día moró Carlos de Gante, se le relegó, unicamente lo visitarían el rey y la reina para contemplar la lápida conmemorativa del paso por Llanes del que acabó siendo Emperador.
Se planearon luminarias, fuegos de artificio y festejos con bailes populares, giraldillas y pericotes. Cuentan que en la confitería de Nachón se trabajó ininterrumpidamente dos días, elaborando toda clase de dulces culminados con la bandera nacional; en las librerías se agotaron los papeles de colores para confeccionar las guirnaldas y en la imprenta se componían contra reloj las invitaciones. Tampoco, daban a basto el barrendero, que tuvo que ser ayudado por rapaces llaniscos para arrancar las malas hierbas de los empedrados de las calles; el portero del Ayuntamiento, que no paraba un instante trayendo y llevando recados, y los municipales en su misión de recomendar a las amas de casa que no colgaran la ropa en los corredores y balcones. Asimismo, el maestro Segura ensayaba sin descanso con la banda la Marcha Real, y en la Iglesia, adornada con colgantes de damasco granate, se colocaban las sillas, surgiendo alguna discusión, pues todos ansiaban primacía en el sitio.
Llegó el gran día, todo era ajetreo y actividad. Los balcones repletos, los llaniscos, vestidos con sus mejores galas, se echaron a la calle, y los municipales, serenos y guardias lucían sus uniformes impecables.
La tarde se marchaba y los reyes no aparecían. La impaciencia hacía que las autoridades aguzaran el oído para escuchar las detonaciones de la bombas reales que habían mandado disparar, al paso de la comitiva real, en las Conchas de Poo. Los reyes brillaban por su ausencia, habían mandado un telegrama, pero nuestra oficina de correos estaba como aislada, ya que la atención de la Central se concentraba en Covadonga.
Cuando al fin se anunció que Alfonso XIII y Victoria Eugenia habían tenido que cambiar el itinerario y no visitarían Llanes, la decepción de las gentes de la villa y el concejo fue indescriptible.
Además, en aquellos tiempos el gasto que se había hecho en viandas, dulces, licores, guirnaldas, invitaciones..se consideraba un derroche…Así que los comerciantes hubieron de volverse a sus materiales, aunque recibiendo una pequeña indemnización.
Fuente: “El Oriente de Asturias”
Imagen, Valentín Orejas








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