Hay veces que la vida te depara unas sorpresas tan agradables, como inesperadas (por eso son sorpresas), como ocurre a mi cuando visito “Los Piratas del Sablón”, ese barco tan bien patroneado por nuestro apreciado Silverio Sánchez Suárez (“Silverio”), y bajo hasta la terraza que tiene sobre la playa, para encontrarme a la derecha con el magnífico y vivaz tamarisco que tanta admiración me provoca cada vez que lo veo
Hace años que lo vi nacer en una estrechísima hendidura de la roca que compone la costera zona norte de la Moria, sobre la Mar, y cuyo fondo era poco menos que un puñado de tierra y arena que hasta ahí transportaron los vientos y la Mar.
¿Cómo enraizó allí una semilla?… ¿Quién, o qué la transportó?
No lo sé, y en el fondo no me importa, pues solo llego a pensar que este arbusto es un magnífico ejemplo de la que puede hacer la Naturaleza para crear y proteger la vida de uno de sus seres.
Bien sabemos que el tamarisco es un árbol originario del oeste de la zona mediterránea, muy útil para estabilizar suelos arenosos ya que sus profundas raíces contribuyen a fijar el terreno, que necesita vivir en un ambiente húmedo y salitroso, que solo se lo puede dar la Mar, pero aun y eso, el verlo allí solo, agarrado a la piedra, verde y frondoso, con una pinta de sano, que muchos ya querríamos, pienso que por encima de todo eso, nosotros incluidos, tiene que haber algo que domine y controle esos efectos, llamémosle “fuerza vital”, “principio vital”, “impulso energético” o “Dios”, pero aquí tiene que haber algo o alguien que organice esta “folixa”, porque creo que nosotros no somos capaces de hacerlo.
Si no nos ponemos de acuerdo ni en la “Comunidad de Propietarios… ¡Concho ya!
Dando un agradable paseo, podéis acercaros a verlo, y ya veréis que cosa más guapa. Pero eso sí, sin molestarlo ni mucho menos lastimarlo, pues es una joya que tienen bajo su cuidado “Los Piratas del Sablón”, que llevarán con mucho mimo, y que con el tiempo va a ser una atracción motivo de visitas.
Claro que esto es una opinión muy particular, así que…
Un abrazo, buena Mar y hasta la vista amigos.
Fernando Suárez Cué






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