ÁNODOS. LAS “PIEZAS DE SACRIFICIO”.

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No está de más el saber, nuestra gente de la Mar si lo sabe y lo tiene bien presente, que en la obra viva de los barcos que están a flote, sus partes de metal reaccionan con el agua de la Mar y el oxígeno disuelto en ella, iniciándose un deterioro químico que termina produciendo la tan temida corrosión.

Las causas principales son que la sales disueltas en el agua de la Mar, hacen que se conduzca mejor la electricidad, acelerando, por lo tanto, las reacciones químicas que oxidan el metal, participando activamente el oxígeno disuelto en el agua al actuar intensamente en las reacciones de corrosión, transformando el hierro que contiene el acero en óxido. Es “la herrumbre”.

Para combatirla y aprovechando metales altamente reactivos se utilizan unas piezas, las llamadas “ánodos galvánicos”, también denominados “ánodos de sacrificio”, o “piezas de sacrificio”, que son unas piezas, valga la redundancia, de metal altamente reactivo que se utiliza para proteger estructuras metálicas sumergidas  contra la corrosión, partiendo de la base de que si dos metales diferentes están en contacto y sumergidos en agua de Mar, uno puede corroerse más rápidamente que el otro, por eso se utilizan metales más reactivos que el metal que se quiere proteger de la corrosión. 

Estas piezas funcionan mediante un principio de protección catódica, una técnica electroquímica utilizada para prevenir la corrosión en estructuras metálicas, como son las existentes en los cascos de barcos sumergidos, y que funciona convirtiendo la estructura a proteger en el cátodo de una “celda galvánica” (dispositivo electroquímico que transforma la energía química en energía eléctrica a través de una reacción de reducción de óxido espontánea), logrando así que el metal no se oxide, pues es el ánodo el que pierde electrones, se corroe y se desgasta de manera intencional (se «sacrifica»), mediante su rápida “corrosión galvánica”, en lugar del metal estructural que protege.

Estos “ánodos de sacrificio”, se suelen fabricar, según el entorno en que la embarcación va a desarrollar su trabajo, con los siguientes metales.

Zinc: Históricamente es el clásico y tradicional, el más utilizado en agua de Mar, soliendo elegirse por su disponibilidad y su coste. En cambio, en agua dulce, y a veces en agua salobre según las condiciones, el zinc puede oxidarse y volverse menos eficaz. 

Aluminio: Suele ser el más versátil, ya que funciona generalmente bien en agua de Mar y en agua salobre por su buena capacidad y bajo peso, pudiendo ser, de hecho, una alternativa eficaz al zinc. En muchas configuraciones modernas, especialmente con colas y piezas de aluminio, el aluminio es una elección frecuente y coherente, siendo una opción muy versátil y duradera.

Magnesio: Es la referencia y el más usado en agua dulce, ya que esta agua de baja conductividad conduce menos la electricidad, por lo que se necesita un ánodo más activo para ofrecer una protección eficaz. El magnesio cumple muy bien esta función. 

Son varias las aplicaciones más comunes donde se emplean estas piezas, pero en este caso diremos que se aplican para proteger los cascos de las embarcaciones, ejes, hélices y timones. 

Un abrazo, buena Mar y hasta la vista amigos.

Fernando Suárez Cué

Ánodo para casco

Ánodo para casco

Ánodo de collarín para ejes

Ánodo de collarín para ejes

Ánodo para hélice

Ánodo para hélice

Ánodo para para de timón

Ánodo para para de timón

Ánodo de aleta Yamaha para motores fueraborda

Ánodo de aleta ‘Yamaha’ para motores fueraborda. Este “ánodo de aleta” (o “aleta de compensación”), en un motor fueraborda Yamaha se coloca directamente debajo de la placa de cavitación, justo encima de la hélice. Esta pieza actúa como “ánodo de sacrificio” y como timón auxiliar para compensar la dirección de la embarcación.

 

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