UNA INCOMPARABLE PLAYINA.

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Aquel extraño lugar de la Tierra, donde resecos y calientes arenales, eran cruzados por un ingente rio, entre negros peñascales.

Ya fueran anzuelados, arponeados o redados, eran abatidos extraños y terribles animales, unos cuyas venenosas espinas de su lomo podían gangrenarte el cuerpo, otros poseedores de terribles dientes que podían mutilarte, o los más extraños, eran dueños de fuertes y terribles pinzas capaces de desmembrarte en diversos pedazos.

Poderosas fuerzas telúricas, inundan esa tierra secuencialmente haciendo imposible en ella la vida de los humanos, mientras atronadores vientos levantan inmensas olas, ante las cuales horrorizados terráqueos se refugian en lo más recóndito de las tierras altas para no estar al alcance de su furia, mientras grises, fríos y desapacibles cielos, se dejan caer sobre todo ese mundo.

Cuando se retira la vaciante, deja al descubierto fétidos arenales, donde extrañas criaturas tienen su morada, taladrando, removiendo o arrastrándose sobre una maraña de podredumbre y muerte, donde es casi imposible el entender la existencia de vida, aunque sea en su forma más primitiva.

Pero, tras la somnolencia que te ha producido el darte un gran baño en sus aguas, la ardorosa imaginación se adormece, y los infantiles ojos se abren a una bella realidad al encontrarte tumbado en la calentina arena de la playina más guapa, tranquila y acogedora de todo el orbe conocido… ¡El Sablín!

Un abrazo, buena Mar y hasta la vista amigos.

Fernando Suárez Cué

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