BAGAZOS EN LA BARRA

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Vamos a tratar dos temas, que al final se fundirán en uno y nos harán entender el porqué de cierto fenómeno, y del que no contaremos con las olas producidas por volcanes o por maremotos 

En el primer tema, vemos que, en las zonas de aguas profundas, cuando el viento sopla sobre la superficie de la Mar, las partículas de aire rozan a las partículas de agua y se empiezan a formar pequeñas olas de pocos milímetros de longitud, llamadas “ondas capilares”.

Si el viento (aire en movimiento), sopla sobre la superficie de la Mar en una misma dirección y con una velocidad constante (medida en nudos), sin zonas de tierra que la interfieran, ese recorrido entre dos puntos determinados es lo que denominamos “fetch”.

El número de horas en las que el viento ha estado soplando en una misma dirección, lo denominamos “persistencia”, y cuanto mayor sea esa persistencia sobre el “fetch”, mayor será la longitud de onda de las olas.

Este-expectacular-bagazo-de-Mar-sobre-el-espigón-y-la-Barra-Circa-1955

Cuando la ola se ha generado en medio del océano, en aguas profundas, y dicha ola no encuentra resistencia y puede trasladarse cientos de millas, mucho más allá de la zona de viento donde fue generada, solo perderá su fuerza cuando entre en contacto con la superficie del lecho marino al acercarse a la costa o si se encuentra en su camino con vientos contrarios. Si no encuentran resistencia alguna, estas olas pueden llegar a costas bastante alejadas produciendo lo que llamamos el “mar de fondo”, es decir, es la ola que han generado vientos de un área diferente a la zona en que nos encontremos.

Cuando una ola oceánica se acerca a tierra, su velocidad se ve frenada por el roce que tiene sobre el lecho marino, de forma que cuando las moléculas de agua que entran en contacto con el fondo marino, se ven frenadas al producirse el roce con el mismo, las moléculas de agua que van detrás intentan pasar cabalgando sobre las anteriores y así sucesivamente,  y como la energía ni se pierde ni se consume, solamente se transforma, esa energía que empleaba en su velocidad, la emplea ahora para cobrar altura, comenzando su crecimiento, que es como la vemos llegar hacia nosotros.

Bagazu-de-mar-sobre-la-Barra.-Foto-de-José-Muñoz-16-de-Abril-de-1989

Bagazu-de-mar-sobre-la-Barra.-Foto-de-José-Muñoz-16-de-Abril-de-1989

El segundo tema a tener en cuenta es el lecho marino que rodea nuestras costas, correspondiente al denominado golfo de Vizcaya (en francés, golfe de Gascogne), que se extiende desde el cabo Ortegal en en Galicia hasta la Punta de Pern,, en la isla de Quessant, en la francesa costa de la Bretaña, aunque para nosotros el Golfo de Vizcaya, es la parte más oriental del Mar Cantábrico, con casi 800 km. va desde la desembocadura del río “Adur” en Guipúzcoa, hasta la punta de “Estaca de Bares”, en la Coruña, y que correspondería con lo que los romanos en el siglo I a. C. lo nombraron como “Sinus Cantabrorum” (“bahía de los cántabros”).

Esta llamada “Plataforma continental cantábrica”, se caracteriza por tener una orientación Norte-Sur y ser extremadamente estrecha, con una pendiente poco acusada y afectada por floraciones rocosas a menor escala, presenta un borde muy irregular y con anchuras que van desde las 19 millas (30 km.), en el cabo Ortegal, que se reduce a 2,5 millas (4 km.), frente al cabo Peñas, y que vuelve a aumentar hasta las 6,2 millas (10 km.), frente al cabo de Ajo.

Tras ella llegamos al denominado “talud continental” de nuestra costa, que es una zona de transición en la que se distinguen dos partes bien diferenciadas, una, la superior que se encuentra entre los 200 m. y los 2000 m de profundidad, y otra, la inferior, que presentando una fuerte (alrededor del 10 al 12%), finaliza de una forma clara a 4.750 m. de profundidad, en la llamada “llanura abisal” del Golfo de Vizcaya. 

Respecto a la velocidad de desplazamiento la ola, esta no depende ni de la velocidad del viento, o de la altura de las olas, tan sólo depende de la longitud de onda de la ola (la distancia que hay entre cresta y cresta), siempre y cuando exista suficiente profundidad como para que no se produzcan efectos de frenado.

Para determinar la velocidad en nudos de una ola hay fórmulas matemáticas que la determinan, pero en la práctica conviene recordar que la velocidad en nudos de una ola es igual a 3 veces su período en segundos, o a 2,4 veces la raíz cuadrada de la longitud de onda medida en metros Si por ejemplo entre ola y ola contamos que pasan 12 segundos, su velocidad de desplazamiento será de unos 36 nudos (12 x 3).

Por lo tanto, y combinando todos estos factores, no es de extrañar que una ola oceánica desplazándose a una velocidad determinada separada del lecho marino por 4.000 m., al llegar a la plataforma continental, sufra un brusco frenazo que la hará levantarse hasta alturas espectaculares., arrasando todo lo que se encuentre a su paso al llegar a tierra.

En el caso de la costa de Llanes, ese primer encuentro de la ola con la falta de profundidad lo tenemos en la denominada “La plancha”, frente de la costa de Cué, donde la rompiente de la ola se acusa más y más pronto.

La boya “Augusto González de Linares” (por el geólogo, mineralogista y zoólogo cántabro), fondeada veintidós millas al norte de Santander, midió en la madrugada del 24 de enero del 2009, dos olas gigantescas: una de 26,13 metros (5 m. más alta que la “Puerta de Alcalá”), y otra de 24,65 metros (una altura equivalente a la de un edificio de siete-ocho plantas), y solo superadas por otra ola de 27,81 m. detectada por la boya de “Villano-Sisargas” a pique del Cabo Vilán, (Galicia), ese mismo día,  y que es la que mantiene, por ahora, el récord de altura.

No olvidemos que el Atlántico norte, es el Océano más agresivo fuerte y salvaje de los mares de nuestro planeta, y que nuestra cantábrica costa le pertenece por completo.

Gran-bagazu-de-la-Mar-sobre-la-Barra.-1950

Buena Mar y hasta la vista amigos.

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