LA EMOCIÓN DE “SEBARTE” EN LAS OLAS.

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En el antiguo puerto de Llanes, había unas cuantas barquillas y botes, a los que teníamos acceso con el permiso de sus dueños, y porque no decirlo, algunas veces sin él. 

En ellas aprendí a bogar y a timonear, la mayoría de las veces con los remos, otras, las menos, con caña y pala (timón), y otras veces con un remo algo más grande que los de boga en sustitución del timón (“remo de espadilla” o simplemente “espadilla”), sujeto a un tolete colocado sobre una de las “aletas”, como era el caso de la lancha “Ntra. Sra. de las Lindes” (“las Lindes”).

Las cogíamos para ir a pescar a fondo a la altura de la “Punta del Guruñu”, o a pique de las playas de “Toró” o a la de “Portiellu” (playa de “Los Curas”)., con la salvedad, que en estas últimas también acostumbrábamos a ir, al caer la tarde, a calamares, o mejor dicho a chipirones, porque la verdad es que no eran muy grandes.

Cuando no había día de pesca, el entrenamiento no era salearse tranquilamente por el puerto, o aguas más abiertas, no, había que ir a hacer el ganso bajo el puente del teatro Benavente, y allí, con los remos hacer guerras a ver quién “esquichaba” más a quién, entre los contrincantes. La “broma” venia después y se acababa el jolgorio, cuando al salir de debajo del puente, nos estaba esperando alguno de los propietarios de las lanchas se había dado cuenta del negocio que nos traíamos. Había que oírlos.

Por último, y por ser el motivo de estos comentario, era el ir hasta la Barra, cuando comenzaba el entrante de la marea (que, si estaba un poco “torpe”, mejor), y situarnos entre la “medialuna” y la “Tijerina”, para intentar cebarnos en las olas que en esa zona se montaban.

Muchos gritos nos dieron desde el muelle o desde San Antón, cuando pescadores nos avisaban de lo peligroso que podía ser ese juego, que en algunas ocasiones nos colocó en situaciones altamente delicadas, pero ni caso. Nosotros a lo nuestro y a presumir de navegantes.

Años después, cuando entré en la “Escuela Oficial de Náutica” de Barcelona y me introduje en el mundo de la vela, me di cuenta de que con esos jueguecitos había tenido haciendo horas extras y sin remunerar, a mi personal y exclusivo “Ángel Custodio”. 

Os cuento…

Cuando uno se quiere “sebar” en una ola (escrito con “s”, aunque a veces se confunda con “cebar”), se produce el efecto “surfing”, y voy a intentar explicarme con el fin de que no sea difícil de entender. 

Este efecto, ocurre cuando una embarcación es alcanzada por una ola que le entra por popa.

En esta situación, la embarcación acelera sobre la pendiente de la ola, empieza a ganar de golpe velocidad (“arrancada”), superando la marcha normal, pero de una forma descontrolada 

Baja la proa (con el riesgo de “pasar por el ojo”), y la popa se levanta, por lo cual el timón deja de responder y pierde eficacia porque el agua no fluye bien sobre la pala, y la lancha cobra entonces el libre albedrio de su propia vida, pudiendo hacer una guiñada brusca e involuntaria, corriendo el riesgo de que haga que el barco gire violentamente y se cruce a la Mar (atravesarse), lo que provocaría un vuelco inmediato, haciendo lo que se denomina “la croqueta”.

Nunca sufrí un vuelco de estas características, pero si es verdad que más de una vez salí disparado hacia la borda terminando, no en el agua, pero si con un tolete clavado en las costilla. Y no hace ninguna gracia. De verdad.

Recuerdo que, navegando a la vela, en dos o tres ocasiones que me encontré con una Mar de popa más que curiosa, largaba por ella para frenar la aceleración, uno de los cabos más largo y grueso que tenía a bordo amarrados en “patas de gallo”, que consiste en que los dos chicotes están sujetos a ambos lados de la popa.

A veces hay quien les añaden cadenas o llantas viejas para aumentar la fricción y el peso en el agua. Son los denominados “espías”, aunque otros denominan a estos elementos de arrastre como “cabo de freno” o “cabo de guerra”. 

Un abrazo, buena Mar y hasta la vista amigos.

Fernando Suárez Cué

LA EMOCIÓN DE “SEBARTE” EN LAS OLAS.

LA EMOCIÓN DE “SEBARTE” EN LAS OLAS.

 

'Ntra. Sra. de las Lindes' de Emilio Sobrino Mier ('el Saritu') (Circa 1955). En la fotografía, a la “espadilla” o “remo patrón”, Luis Fernández Trespalacios (“el Parajelu”), a “la boga” por babor Francisco Herrero Melijosa (“Tisto”), a la doble boga por ambas bandas, Alfonso Díaz Cué (“Negrín”) y Francisco José Meré González (“tiu Pepe), a la boga por estribor. (c. 1955).

‘Ntra. Sra. de las Lindes’ de Emilio Sobrino Mier (‘el Saritu’) (Circa 1955).En la fotografía, a la “espadilla” o “remo patrón”, Luis Fernández Trespalacios (“el Parajelu”), a “la boga” por babor Francisco Herrero Melijosa (“Tisto”), a la doble boga por ambas bandas, Alfonso Díaz Cué (“Negrín”) y Francisco José Meré González (“tiu Pepe), a la boga por estribor. (c. 1955).

 

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'Ntra. Sra. de las Lindes' de Emilio Sobrino Mier ('el Saritu') (Circa 1955). En la fotografía, a la “espadilla” o “remo patrón”, Luis Fernández Trespalacios (“el Parajelu”), a “la boga” por babor Francisco Herrero Melijosa (“Tisto”), a la doble boga por ambas bandas, Alfonso Díaz Cué (“Negrín”) y Francisco José Meré González (“tiu Pepe), a la boga por estribor. (c. 1955).

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