Antes, como ahora, los pescadores no solo han tenido que trabajar entre marejadas, sino  también entre trabas administrativas.

Así, contaba “El Pueblo” que el 23 de octubre de 1920 había visitado Llanes una comisión de los pescadores de Santander para poner en conocimiento de sus compañeros de esta villa el insólito acuerdo tomado por el Consejo de Administración de la Compañía de los ferrocarriles del Norte, consistente en no querer responder ni garantizar todos cuantos daños pudiera sufrir el pescado que se exportaba diariamente al resto de España.

Añade la noticia, que los comisionados marcharon muy satisfechos de las entrevistas con los pescadores y fabricantes de conservas, quienes prometieron prestar su apoyo moral y material para el acto de protesta que se verificaría un día determinado en todos los puertos del litoral cantábrico, contra semejante atropello que, de cumplirse, ocasionaría grandes perjuicios a la gente de mar e industria pesquera.

 

Maiche Perela Beaumont

Imagen, Jrrt El Siglo

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