Según informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el consumo del pescado  pasó de los 9 kilos de media por persona en 1961 a 20,5 en 2018; sin embargo la población de peces a niveles biológicamente sostenibles han pasado del 90% en 1974 al 65,8% en 2017.

Satisfacer esa demanda, que no hace más que crecer, trae como consecuencia que muchas especies, sobre todo las más consumidas, tengan un futuro incierto, comprometiendo la seguridad alimentaria mundial.

A nadie le cabe duda que la mayor amenaza para ese futuro es la sobrepesca, que además de perjudicar al equilibrio y la interacción de la vida en el océano, también afecta al bienestar social y económico de las comunidades costeras y su estilo de vida. Y por si fuera poco, la sobrepesca ha obligado a faenar más lejos de la costa y en aguas más profundas, donde la luz no llega y los organismos tienen un crecimiento menos rápido.

Frente a esta sobreexplotación, que además de pescar por encima de las posibilidades de recuperación de algunas especies, emplea artes muy dañinas, que barren literalmente los fondos marinos, la pesca artesanal supone una alternativa más sostenible tanto social, ambiental y económicamente.

Comparada con la industrial, la de pequeña escala, con técnicas tradicionales, realizadas en las proximidades costeras, es más selectiva y evita las capturas accidentales de otras especies como delfines y tortugas. Además utiliza artes fijas, como anzuelos, enmalles o trampas.

Opina la FAO que gracias a las técnicas tradicionales unidas a la gestión inteligente de los recursos, por ejemplo con el estudio de las poblaciones y su regeneración, sería posible pescar más para alimentar a la creciente población mundial.

Con todo, la artesanal es la que menos oportunidades de pesca dispone, pues el reparto de cuotas se realiza con una gestión que prioriza la industrial.

Esperemos que para algo sirva los dos grandes programas que aspiran a ese futuro sostenible: el Año Internacional de la Pesca Artesanal, que será el 2022, y la Década de las Ciencias Oceánicas para el Desarrollo Sostenible entre 2021 y 2030, que pretende impulsar la investigación marina.

Fuente, “Pesca Artesanal, la alternativa sostenible contra la sobreexplotación”.

Imagen, Valentín Orejas

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