El 15 de noviembre de 1872, el bergantín Mary Celeste de 31 metros de  eslora y 282 toneladas de peso zarpó, al mando del capitán Briggs, del puerto de Nueva York a Génova con una carga de 1.701 barriles de alcohol. La tripulación estaba compuesta por siete hombres, el capitán, su esposa Sarah y su hija Sophia, de dos años. 

Un mes después el navío “Dei Gratia”, que navegaba desde Nueva York a Gibraltar, avistó al bergantín cerca de las Islas Azores. Cuando los dos barcos estuvieron lo suficientemente cerca se dieron cuenta de que no había nadie en cubierta y tras una rápida inspección comprobaron que no había personas en el barco. Hallaron la carga intacta y la mesa preparada para comer, a la sazón platos con carne, lo que descartaba que hubiera sido afectado por un temporal. 

La última anotación del Diario de Navegación, que inusualmente estaba en el camarote del capitán, no detallaba acontecimiento alguno que pudiera aclarar la desaparición de la tripulación, de la cual nunca más se supo.

En las audiencias de rescate, realizadas en Gibraltar tras su recuperación, los Oficiales de la Corte barajaron varias hipótesis, un posible motín de la tripulación, piratería por parte del “Dei Gratia” u otros, conspiración para cobrar el seguro o realizar un rescate fraudulento. No se encontró evidencia alguna para respaldar ninguna de estas teorías.

Y como suele pasar, con el tiempo se especuló en relación a la naturaleza del misterio, adicionando detalles falsos y fantasías.

Entre aquellas hipótesis, figuran el efecto de los vapores del alcohol, un terremoto submarino, una tromba marina, el ataque de un calamar gigante o algún fenómeno paranormal.

Esta historia ha sido narrada y dramatizada muchas veces y el nombre de la nave se ha convertido en sinónimo de un abandono inexplicable.

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