La elección de Asturias como Principado para los primogénitos de la Corona se produjo en 1388 bajo el reinado de Juan I de Castilla. No se debió a un único motivo, sino a una combinación de estrategia política, resolución de un conflicto dinástico y simbolismo histórico.
La Corona de Castilla venía de sufrir una sangrienta guerra civil entre dos ramas de la misma familia: los partidarios del rey legítimo, Pedro I «el Cruel», y los de su hermano bastardo, Enrique II de Trastámara (abuelo de Juan I), quien asesinó a Pedro para quedarse con el trono.
Para cerrar definitivamente esta herida y legitimar a los Trastámara, se acordó en el Tratado de Bayona (1388) el matrimonio entre los herederos de ambas ramas: Enrique III de Castilla (nieto del Trastámara) y Catalina de Lancaster (nieta de Pedro I). Para darles un estatus digno y único a la joven pareja, el rey Juan I creó un título exclusivo para ellos: Príncipes de Asturias.
En aquella época, el territorio asturiano estaba sumido en constantes revueltas nobiliarias. El hermanastro del propio rey, Alfonso Enríquez, se había rebelado contra la Corona y dominaba gran parte de la región. Tras sofocar la rebelión y confiscar sus tierras, el rey Juan I vio la necesidad de controlar el territorio directamente. Al convertir a Asturias en un Principado bajo la jurisdicción directa del heredero, se disolvieron los señoríos feudales locales y la Corona se aseguró el control político y militar de una zona conflictiva.
Además, Juan I buscaba modernizar las instituciones castellanas siguiendo la moda de otras monarquías vecinas. La gran influencia de la familia de Catalina de Lancaster propició que se copiara el modelo del Principado de Gales, creado en Inglaterra en 1301 para su heredero. Del mismo modo, en Francia se utilizaba desde 1349 el título de Delfín para el sucesor al trono. Castilla necesitaba su propio título diferencial para blindar el prestigio de su heredero.
Aunque las razones de peso fueron políticas y dinásticas, la elección del territorio no fue casualidad. Asturias poseía una enorme carga simbólica, era considerada el origen de la Reconquista y el núcleo fundacional de la monarquía cristiana (el antiguo Reino de Asturias). Vincular al futuro rey con la tierra donde Pelayo comenzó la resistencia legitimaba de forma mística y tradicional su derecho a gobernar.
Imagen, Valentín Orejas








0 comentarios