CHALECOS SALVAVIDAS

por

-P: Buenos días, paisanos. ¿Qué paso, que os traéis ese jolgorio?

-F: Nada, que les venía contando una cosa que me pasó hace algún tiempo en el Sablín, y que la verdad, es para verlo y no creerlo.

-P: Pues cuenta y así también me entero yo.

-F: Pues verás, estaba yo queriendo enseñarles a mis hijas Carlota y Mónica, cuando eran chiquitinas, como se lanza un aro salvavidas hacia alguien que estando en el agua lo necesite, cuando y para bien demostrárselo, cogí un salvavidas que tenían colgado en el exterior de un restaurante que allí había, y del que no os digo el nombre que luego vais y lo cascáis. Les dije que se fijaran en un pedazo de plástico que estaba flotando, porque si se imaginaban que aquello era una persona, yo intentaría lanzar el aro lo más cerca posible, pero con el cuidado de no golpearlo. A continuación, cojo el cabo, lo preparo enrollado y sujeto con la mano derecha, y preparo el aro para lanzarlo con la izquierda, ya que soy zocato.

Pues bien, con todo la operación bastante bien hecha, cual sería nuestra sorpresa, cuando el aro al tocar el agua empieza a burbujear, para a continuación hundirse como una piedra.

-R: ¡No amueles!

-F: ¡Como lo oyes!

-P: Eso sería porque debía llevar colgado a la “intremperie”, más tiempo del que se sabe.

-R: ¡Seguro que sí! Pero vaya, si estaba allí como salvavidas para que quieres mas.

-T: ¿Desde cuánto tiempo creéis vosotros que existen los salvavidas?

-C: Yo creo que desde que existe la humanidad humana.

-P: Para mí que el primero fue un tronco de árbol, o alguna cosa que flotara sin problema.

-F: Lo que he visto, es que los más antiguos ejemplos de “primitivos salvavidas” se remonta a troncos huecos vasijas vacías o vejigas infladas de pieles de animales, o sellado de calabazas, que les sirviera de apoyo en superficie, cuando querían cruzar lo más hondo de arroyos, ríos o lagunas.

-C: Sigue, que por ahí vas bien.

-T: Yo me refería a los más o menos modernos salvavidas.

-F: Es de suponer que desde que el hombre se lanzó a los mares ideó algún medio de mantenerse a flote, pero sólo hay constancia de que algunos antiguos marinos noruegos llevaban a bordo alguno de estos objetos flotantes, diseñados como dispositivos de seguridad, pero que consistían en simples bloques de madera o corcho para tal fin, aunque pocas referencias hay sobre ellos.

-C: Yo había leído alguna vez, que los fenicios, griegos y romanos, ya empleaban artilugios que les servían para sobrevivir en el agua, cuando por la razón que fuese se producía el naufragio.

-F: Es cierto, pero no tenían una normativa general, sino que cada uno se arreglaba como podía, y no fue hasta principios del siglo XVII, en que los dispositivos de flotación personal no formarían parte de los equipos navales entregados a los marineros, como ocurrió por ejemplo hacia 1800, al parecer en la Batalla de Trafalgar entre las escuadras española e inglesa. De los marinos que sufrían el “ganged-naval” (leva o reclutamiento forzoso), se dice que durante el servicio, podrían haber utilizado los dispositivos de este tipo que se encontraban en los buques para saltar y nadar hacia la libertad, y no se empezó a controlar estas deserciones, hasta la organización de los “Equipos y Servicios de Salvamento”, y se abordó la formación en los diferentes buques para seguridad del personal de sus tripulaciones, ante las terribles condiciones en las que navegaban aquellos barcos.

-R: Todo esa está muy bien, … ¿Pero ¿quién inventó el chaleco salvavidas?

-F: ¡Y dale!. El empleo del chaleco tuvo que ser a base de una serie de experiencias y modificaciones, una tras otra a lo largo del tiempo, pero la invención del moderno salvavidas generalmente se le adjudica a un tal capitán Ward, inspector de la “Royal National Lifeboat Institución” en el Reino Unido, quien, en 1854, creó un traje de corcho para ser llevado en los botes salvavidas, y que garantizando su flotabilidad sirviera para la protección de los tripulantes, y al que denominaron “chaqueta de vida”

-T: Pues no es tan antiguo el empleo de ese chaleco.

-C: De críos, y no tan críos, creo que todos conocimos las corcheras de cintura, que por cierto nos las fabricábamos con los corchos de la relinga superior de una red.

-F: Ya habíamos hecho mi hermano Carlos y yo, alguna que otra en la huerta de casa, con los corchos viejos que nos daban marineros, como Planché, Tanín, o el mismo “Tiu Pepe”.

-R: Esas corcheras eran incomodísimas, y además te rozaban que te dejaban en carne viva, y unas ampollas como huevos de gaviota. Total una vaina.

-F: Por todos estos inconvenientes, se empezaron a estudiar otros materiales, para sustituir al corcho rígido, que eventualmente llegó a ser suplantado por las bolsas herméticas que contienen las fibras algodonosas de kapoc, una planta perteneciente al género “gossypium”, y que proveniente de tres lugares distintos, por lo de la que existen tres importantes especies usadas con fines textiles:

Las de América con sus fibras blancas, finas y largas. Las de Asia de fibras cortas, de color amarillento y resulta al tacto más áspero que las otras variedades. Y por último las de Egipto y resto de África, de fibras largas, suaves y muy blancas, siendo de la tres especies la de mejor calidad y rendimiento. Como curiosidad, os diré que esta fibra que podemos considerar que para nosotros tiene su origen en Mesoamérica, es uno de los árboles más emblemáticos de la región latinoamericana, ya que es considerado como un símbolo sagrado para la mitología del pueblo maya. Los frutos de este árbol, “ceiba” o “kapoc” contienen una densa masa de fibras, que puede ser  transformada en hilo y que fácilmente se puede aplicar, en la  confección de tejidos para colchones y almohadas. En 1878 fueron llamados “cinturones de vida”.

Los fabricados con essas células suaves, eran mucho más flexibles y cómodos de llevar en comparación con los dispositivos que utilizan piezas de corcho duro, por lo ya fueron utilizados este tipo de chalecos, con un buen resultado en muchos de los combates navales de la Segunda Guerra Mundial.

-P: Ni oír, ni tan siquiera sabía que existía ese “kapoc”.

-F: Si que lo sabías, si, lo que pasa es que lo conocías por otro nombre.

-P: ¿Qué nombre?

-F: El “miraguano”

-P: ¡Vaya por Dios! Ahora sí que sé que es.

-F: Pero no creáis que duró mucho este negociado, pues fueron sustituidos por la gomaespuma, debido a su flotabilidad intrínseca, y posteriormente por los chalecos inflables.

-C: Esos son los más modernos, pues ya ni los tienes que inflar tú, si no que, tirando de una anilla, o por medio de un sensor que tienen incorporado y que al contacto con el agua se activa, se consigue inflen solos por medio de una botella de aire comprimido que llevan.

-T: Mira que han ido cambiando los chalecos, de aquellos tan aparatosos que había antes, a estos modernos, que yo he visto, y que son poco más que unos tirantes y un “cinturonín”.

-R: ¿Quién pensaría estos últimos modelos?

-F: No fue nadie, y fueron todos, a través de pruebas y experimentos, pero parece ser, que al que se tiene por el inventor del moderno chaleco salvavidas, es a un tal Peter Markus (1885-1974), en el año 1928 (Patente EE. UU. 1694714), con posteriores y notables mejoras en los años 1930 y 1931.

-F: Por cierto… ¿Conocéis o habéis oído hablar de “Mae West”

-P: ¡Si home si! Era aquella artista de cine americana, tan…tan…tan…

-C: ¡Tan exuberante concho! Que pareces una campana.

-F: Pues bien, a este chaleco inflable del bueno de Peter Markus, se le apodó como “La Mae West” por el hecho de que alguien usando este chaleco salvavidas inflado, a menudo parecía estar físicamente tan “dotado” como la mencionada actriz de cine norteamericana que alcanzó gran fama en su tiempo y que fue un importante icono sexual. Al parecer, de ella es la famosa frase: “¿Llevas una pistola en el bolsillo o es que te alegras de verme?”. 

Sus generosos pechos eran todo un reclamo y dieron nombre a los chalecos salvavidas que usaban los pilotos de la RAF durante la Segunda Guerra Mundial, Estos chalecos se colocaban de tal manera que la parte que reposaba sobre el pecho era realmente voluminosa y de ahí que se les asociara también con los voluminosos pechos de “la West”. Sencilla asociación que generaría más de una broma entre los pilotos.

-T: Seguro, pues buenos debían de ser.

-C. Pues como los nuestros “curritos” … ¿Oíste?

-F: Hoy día se fabrican dispositivos de seguridad más sofisticados, como el clásico, con forma de aro, en los que algunos de ellos hasta incluyen cuerdas y un sencillo sistema de propulsión para guiar desde la orilla a la persona en apuros, o los chalecos con cámara de aire que nos enseñan a utilizar las azafatas en los aviones. De todos modos, el último grito es el llamado “Sistema de Localización y Seguimiento Hombre al Agua”, con GPS integrado.

-T: Pues mira que bien, de las cosas que se entera uno.

-C: ¿Damos una vueltina, para ver cómo está la Mar?

-R: Venga, para luego es tarde.

-T: ¡Eh tú! Pasa por caja y no te hagas el “longuis”.

Un abrazo, buena Mar y hasta la vista amigos.

Fernando Suárez Cué 

Tinaja fenicia que vacía y sellada era usada como flotador

Tinaja fenicia que vacía y sellada era usada como flotador

Tinaja fenicia que vacía y sellada era usada como flotador

Tinaja fenicia que vacía y sellada era usada como flotador

Antiguo pescador de Terranova, con corcheras 'salvavidas'

Antiguo pescador de Terranova, con corcheras ‘salvavidas’

Chaleco salvavidas del 'Titanic'

Chaleco salvavidas del ‘Titanic’

Antiguo chaleco salvavidas de compuesto de tubos neumáticos

Antiguo chaleco salvavidas de compuesto de tubos neumáticos

Chaleco 'Mae West' muy popular en la Segunda Guerra Mundial

Chaleco ‘Mae West’ muy popular en la Segunda Guerra Mundial

 Fibra del fruto del 'kapokc' o 'miraguano'

Fibra del fruto del ‘kapokc’ o ‘miraguano’

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

  • All
  • Por : Fernando Suárez Cue