Hoy Llanes está de enhorabuena, el antiguo celuloide toma proa hacia el futuro con la adquisición del maltrecho edificio del CINEMAR para convertirlo en un referente turístico y cultural en la comarca 

Para percibir la importancia del Cinemar, y lo que significaron para el vecindario, merece la pena recordar que:

La inauguración se produjo hace casi 63 años, concretamente el 30 de julio de 1959, fecha en la que el Cinemar abría sus tres acristaladas puertas, en la calle de Manuel Romano, para presentar a la compañía de revistas de Manuel Paso que en doble jornada puso en escena las obras ‘Donoso, no seas celoso’ y ‘Órdago a la chica’. En el elenco figuraban la vedette Lolita Rivero y el primer actor Rubén García.

Ha destacado su importante función social. Y es que además de programar películas, obras de teatro y conciertos, al estar dotado de unas generosas instalaciones, se organizaban representaciones de los tres bandos festivos de la villa, se utilizó para servir banquetes conmemorativos, acogió importantes bailes en fechas puntuales y hasta programaron veladas de boxeo, asambleas deportivas y mítines de diferentes partidos políticos. Su escenario lo pisaron artistas como Manolo Escobar, Conchita Bautista o los Hermanos Calatrava

En su última etapa fue explotado por la empresa Pesquera, de Mieres y Miguel Pérez fue el encargado de la sala en sus últimos años de funcionamiento.

Cerró sus puertas  definitivamente el 23 de noviembre de 2002, dejándonos a varias generaciones de llaniscos  con la nostalgia de aquellas maravillosas tardes de cine que tanto nos hicieron soñar y los breves descansos a la mitad de la película para comprar golosinas, mientras en la pantalla, a media luz, se daba publicidad, y también con el recuerdo de la estampida que se producía después de que apareciera el titulo del Fin o The End.

No podemos acabar estas líneas sin contar que el acertado nombre de “Cinemar” se le ocurrió a Luis Bujanda Gaztelu,  ganador del concurso que se convocó para poner el nombre al cine de Llanes, y cuyo premio consistió en dos entradas gratis durante seis meses en la fila de los impares, butacas 1 y 3.

Sin duda, pensó que el cine de nuestra villa marinera no podía tener otro nombre que “CineMAR”.

Texto; Maiche Perela Beaumont

Guillermo Fernández Buergo (fragmento artículo el Comercio 2009)

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