EL MARINERO Y EL CATEDRÁTICO

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El 30 de mayo de 2020, escribí  un artículo titulado “Los barcos del techo de la capilla de Santa Ana”, en el que salía a relucir uno de los personajes inmortalizados por Baltasar Cue, Saturno Herrero de la Llera.

Lo anterior viene a cuento, pues hace unos días, leyendo “El Oriente de Asturias”, encontré una anécdota que nos remonta a la niñez de aquel marinero, que intervino, a bordo de la fragata Almansa, en la batalla del Callao, y que casi muere de añoranza al llevárselo sus hijos lejos de Llanes, ya que para él no había nada como su pueblo.

Así, entre los años 1835 y 1842, el mejor amigo de Saturno era Pepín,   distinguido de los demás Josés de la villa por su mote familiar, “Carroña”. Tenían la misma edad y ambos vivían en el barrio de la Moría.

Poco tiempo duró la amistad, ya que a los ocho años, tras la muerte de su padre, un maestro de escuela llamado Millán Fernández, Pepín se trasladó con su madre, Clara Sánchez Tamés,  a vivir a Madrid. Y en la capital de España, tras unos estudios brillantes de Bachiller, cursó Filosofía y Letras y Derecho. Posteriormente, opositó a la cátedra de Historia de España de la Universidad Central, en la cual quedó en segundo lugar, habiendo obtenido el primer puesto Emilio Castelar, consiguiendo el llanisco la vacante de la misma en Santiago de Compostela.

A lo que íbamos, a finales de siglo, tras su paso por Galicia, Alejandro Pidal y Mon, sabiendo del origen llanisco de Pepín “Carroña”, ya convertido en D. José María Fernández Sánchez, le comprometió para acompañarlo en su primer viaje a Llanes.

El recibimiento a Pidal fue apoteósico, pues los llaniscos veían en el político asturiano la oportunidad de conseguir las obras del puerto. Seguidamente, se reunió la gente en la plazuela de Santa Ana, ocupando  Pidal y sus acompañantes  el balcón central del palacio de Rivero.

Y entre aquella multitud, reconoció Don José a su amigo Saturno, y acercándose a él le preguntó:

-Saturnín ¿No me reconoces?.

-¿Quién es usted?.

-Soy Pepín “Carroña”.

Tras la emoción inicial, lo primero que tuvo que hacer D. José fue explicarle a su amigo que venía acompañando a Alejandro Pidal y no a Isaac Peral, como había entendido Saturno, que se justificó aclarando que él no entendía de política, pero sí de marina.

Quedaron en verse al día siguiente, acudiendo el marinero a la cita vestido de fiesta y con las condecoraciones que solo portaba en Semana Santa, dos medallones y en el centro una cruz pensionada.

Recorrieron juntos sus lugares de infancia, “el campu del gatu”, los peñas del Guruñu, Caballu y Calaberu, y luego visitaron las humildes casas de la Moría, donde el ilustre visitante vació sus bolsillos.

De vuelta al palacio, don José quiso dejar un recuerdo a su camarada de la infancia, y no teniendo otra cosa mejor, le regaló las camisas que tenía. Saturno no quería admitirlas, pero ante la insistencia las cogió.

Enterado Parres Piñera del gesto le envió 12 camisas, que dicen que corrieron la misma suerte, pues Pepín “Carroña”, ya desde niño, no podía tener nada suyo donde hubiera una necesidad.

Nunca más volvió a Llanes, murió en 1903 en Santiago de Compostela, su segundo pueblo, donde sus méritos son alabados, y dejando publicadas multitud de obras científicas y literarias.

 

Fuente, “El Oriente de Asturias”

Maiche Perela Beaumont

Imagen, Valentín Orejas

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