Por motivos profesionales viví en primera línea todos los pormenores de la llegada a Llanes del barco estadounidense ‘Abeja Reina’ (Queen Bee). Eso sucedió en la tarde del 17 de enero de 2012, pero la lancha permanecía a la deriva, y volcada, desde mediados de agosto de 2008. El ‘Abeja Reina’ tardó 41 meses recorrer los 6.000 kilómetros, aproximadamente 4.000 millas, que separan Llanes de la localidad costera estadounidense de Nantucket, capital ballenera del mundo, en el estado de Massachusset. Aquella fatídica tarde de agosto de 2008, Scott Douglas, el dueño de la ‘Abeja Reina’, fue lanzado al mar junto a su cuñado por una ola mientras pescaban y, aunque pudieron llegar a nado a la playa de Smith’s Point, perdieron de vista la preciada embarcación. Lo que sigue es, a grandes rasgos, un acercamiento literario al periplo transatlántico de la ‘Abeja Reina’.

En las primeras horas de la tarde del martes 17 de enero de 2012 entraba en el puerto de Llanes el ‘Salvamar Sant Carles’, la lancha de Salvamento Marítimo que opera en la villa. Por la popa arrastraba una embarcación, volcada boca abajo, que había rescatado a 20 millas al Nordeste tras haber recibido una llamada del mercante ‘Norjan’, que avisaba de haber encontrado lo que parecía una embarcación a la deriva. Alertados por la noticia, el puerto se llenó de curiosos, se desataron las elucubraciones y se formularon dos hipótesis: podría tratarse de una lancha utilizada para el narcotráfico o bien de una embarcación como las que usan en las rías gallegas para trabajar los moluscos. Desde el Centro de Coordinación de Salvamento de Gijón explicaron que “en estos momentos y mientras no se le pueda dar la vuelta, algo complicado por el tamaño de su estructura, que está completamente llena de agua, no podemos ver la matrícula ni descubrir si tiene algún nombre que nos dé alguna pista sobre su nacionalidad”. Aquella tarde la lancha quedó amarrada en el puerto a la espera de una investigación por Puertos o la Guardia Civil. Los curiosos se fueron retirando del lugar con una certeza: el casco del buque se veía repleto de percebes y mejillones, y dos nuevas hipótesis: tendría unos ocho metros de eslora y llevaría como seis meses abandonado en el mar.

Los trabajos para reflotar la embarcación se llevaron a cabo el viernes 20 de enero y de ello se encargaron tres submarinistas del Grupo de Especialistas de Actividades Subacuáticas (GEAS) de la Guardia Civil. Levantaron el casco con la ayuda de unos globos y lo depositaron en la rampa del carro de varada para sacarlo a tierra. Volcaron la lancha en la pendiente y tras un minucioso examen establecieron las siguientes evidencias: Se trataba de una embarcación con casco de fibra, medía ocho metros de eslora por tres de manga, venía equipada con dos motores fuera borda de la marca Yamaha, con una potencia de 250 CV cada uno, y en el interior de la lancha permanecían un botiquín, extintores, los asientos, la radio, mapas de la costa atlántica estadounidense y una placa de haber pasado la revisión de la Guardia Costera de Estados Unidos. Y se desvelaba que la lancha procedía de Nantucket, la capital ballenera del mundo, una pequeña isla del estado de Massachusset, al norte de Estados Unidos. Ese dato apuntaba a que el barco habría navegado en solitario más de 6.000 kilómetros, 4.000 millas, a través del Atlántico. El puerto de Nantucket es de sobra conocido por tratarse del lugar en el que inició su aventura el ballenero ‘Pegnod’, de la novela de Herman Melville y más tarde gran película, Moby-Dick. Y frente a aquellas costas se había hundido el 26 de julio de 1956 el transatlántico italiano Andrea Doria.

Todavía quedaban bastantes misterios por resolver y pronto se fueron atando cabos gracias a que la sorprendente noticia la daba a conocer en la otra orilla Becky Bratu, periodista de la NBC. El diario El Comercio, de Gijón, recogió referentes y antecedentes y el 27 de enero despejaba las incógnitas. La lancha que diez días antes llegaba volcada al puerto había sido bautizada con el nombre de ‘Queen Bee’ (Abeja Reina) y era propiedad de Scott Douglas, de 58 años. El barco, que en su estado original estaba pintado de amarillo, permanecía a la deriva desde agosto de 2008, momento en el que una ola arrojaba de cubierta a Douglas y a su cuñado Rich St. Pierre, de 68 años, mientras estaban pescado en aguas de Nantucket.

Scott Douglas, al contemplar desde la lejanía la fotografía de la ‘Abeja Reina’ ya depositada en el puerto de Llanes, comentó que “se ve completamente diferente, oxidada y cubierta de percebes. Esto es increíble”. De aquella fatídica jornada de pesca explicó que “el agua estaba quieta y los peces no picaban. Traté de mantener el barco parado pero una ola nos lanzó a los dos fuera de la lancha”. Aunque el agua “no estaba demasiado fría”, Douglas luchó contra las olas muy preocupado porque “mi cuñado había sido operado a corazón abierto un año antes”. Le perdió de vista y tras haber nadado “durante una hora” llegó a la playa de Smith’s Point, en la costa de Nantucket. Mojado y exhausto, se acercó a una cabina y pidió usar el teléfono para avisar a la Guardia Costera. Al poco rato vio a St. Pierre caminando por tierra firme, que se había salvado gracias a un kit de supervivencia que contenía un dispositivo hinchable. Terminó su reflexión Scott Douglas asegurando a El Comercio que “al final de aquel día pensamos que no había llegado nuestro momento”.

 

Joe Klinker, teniente de la Guardia Costera de Estados Unidos, fue el encargado de comunicar a Douglas que su lancha había aparecido en Llanes, “en la costa española”. Douglas que por aquel entonces, año 2012, ya estaba jubilado y vivía en Nueva Jersey, aseguró que no quería que le devolvieran el barco. Sin embargo, con sus cuatro nietos pensaba convertir la historia de la “Abeja Reina” en un libro para niños. “Es interesante ver lo que da y quita la vida”, reflexionó. Por su parte Joe Klinker valoró que “el barco podría haber virado al Norte, hacia Canadá, y luego al Este, por las corrientes del Atlántico Norte. Es raro, pero hay precedentes de un objeto a la deriva que a través del Atlántico llega a Europa, aunque nunca había escuchado nada parecido para un barco”.

Lo que parecía una historia resuelta todavía iba a tener un último capítulo. La ‘Abeja Reina’ salía el 18 de junio de 2012 del puerto de Santander, dentro de un contenedor abierto, rumbo al sur de Inglaterra y desde allí surcó el Atlántico con destino a Baltimore. La empresa Peters&May se había puesto en contacto con la firma cántabra Transportes Cepelludo, de Reinosa, para que se hiciera cargo de la recogida del barco e iniciase los trámites de embarque hacia Estados Unidos.

 Javier Pérez, gerente de Cepelludo, confirmó que uno de sus camiones había acudido el 17 de mayo a San Esteban de Pravia para retirar la embarcación. Desde Estados Unidos le habían solicitado un “retractilado perfecto” de la lancha y que “se dejara el barco en el estado más parecido al de su recuperación”. Que no se lavara, ni se retiraran del casco percebes y mejillones con los que había llegado al puerto de Llanes. Al parecer, eso era “muy importante para la empresa que fabricó la nave”. Pérez estaba convencido de que la reclamación fue cursada por Scott Douglas, que es quien pagó los costes, “tal vez avalado por el fabricante o un museo”. Esos gastos, que incluían el traslado por tierra firme y mar, el uso de grúas y el retractilado, se situaban “en torno a 10.000 euros, el 10% del valor del barco”, aventuró Javier Pérez.

Finalmente, el gerente de Cepelludo comentó que “jamás habíamos recibido un encargo tan particular”. La firma cántabra depositó la ‘Abeja Reina’ en el puerto de Santander el 14 de junio y cuatro días más tarde ya navegaba hacia Baltimore.

 

Guillermo Fernández Buergo.

 

NC Now | The Queen Bee Fishing Boat | UNC-TV

La historia contada en la TV Americana

– de traducción automática

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