| Por Guillermo Fernández Buergo

Aunque Manuel Martínez Garrido falleció el 29 de diciembre de 1913 siendo alcalde de Llanes, apenas queda rastro de los 25 años que pasó en nuestro municipio. Sus numerosos textos económicos y políticos se encuentran dispersos por los semanarios El Oriente de Asturias y El Pueblo, pero nadie se preocupó de etiquetarlos en un volumen. Era conquense, sin raíces llaniscas, un concejo acostumbrado a mirarse al ombligo y con poca atención hacia lo que viene de fuera. En 1895, llevaba siete años en Llanes y le faltaban dieciséis para ser alcalde, cuando nos ofreció datos y reflexiones sobre el comercio de ese año en la villa. A ver cómo puedo ordenar todas aquellas magistrales lecciones. Allá vamos.

A finales del siglo XIX, hace ya 125 años, consideraba Martínez Garrido que la villa de Llanes, pese a su proximidad al mar, las relaciones con América y la existencia de un enorme capital económico disponible, sufría «un gran atraso en aspectos de comercio terrestre y marítimo». Veía al puerto «con poco calado y mediana entrada, hasta que el Tesoro facilite las cantidades presupuestadas para las obras proyectadas». Y apuntaba como dificultad añadida la ausencia «de una vía férrea por el camino de la costa que permita el transporte de minerales hasta el puerto». Así pues, ya en 1895 valoraba negativamente el lastimoso estado del embarcadero y la ausencia del ferrocarril. Además, sentenciaba que «para que América nos ayude necesitamos trabajar y, para que el comercio se desenvuelva, precisamos una gran producción en todos los ramos: en la tierra, en la mar, en los ríos y en el subsuelo, así como mucha libertad moral y armonía económica».
Situaba en los siguientes parámetros la dificultad económica que sufría la villa, y el país por extensión. Veía la propiedad «fraccionada, al extremo que impedía cultivar a lo grande, gravada con foros y censos, vinculada al colonato por antiguos señores, entregada a la condición de aparcería forzosa y con una demanda superior a la oferta», situación que apuntaba a elevar el valor de las rentas. Contemplaba la agricultura y la ganadería ahogada «por tributos y gabelas, reducida al vacuno tras haber abandonado la cría caballar y lanar» y señalaba como principales culpables de la situación a «la incuria del labrador, la desaparición de terrenos comunales, la falta de abonos químicos y el descuido en el cultivo de plantas forrajeras y praderías artificiales». Respecto a la industria, y por alejamiento del capital, consideraba «embrionarias o poco desarrolladas las factorías minera, pesquera y fabril». Y, finalmente, argumentaba que el enorme capital de los acaudalados llaniscos estaba invertido en «papel del Estado o valores públicos, realmente productivo y cómodo, aunque sujeto al grave riesgo de una guerra o conmoción popular».
Expuesta la filosofía de Martínez Garrido, vamos ahora con los puntillosos datos que nos dejó sobre comercio marítimo en el concejo. Dejó anotado que en 1895 habían llegado 36 buques de vapor procedentes de Santander, 20 buques de vapor llegados desde Gijón y 23 barcos de vela. Entre todos ellos dejaron mercancías por encima de 3.000 toneladas (tres millones de kilos). Martínez Garrido tuvo el detalle de dejarlo todo bien apuntado y Lucca Brasi de ponerlo por orden en relación a su volumen. Las dos terceras partes del género desembarcado fueron carbón y harina.
Esto es lo que entró en Llanes por mar el 1895. Carbón mineral (1.338 toneladas); harina de trigo (710); madera sin labrar (199); cebada (101); maíz (95); legumbres secas (60); azúcar (59); sal común (53); aceite común (50,5); jabón (37,5); cal hidráulica y cemento (35); hierro labrado (33); arroz (27,2); petróleo (18,6); garbanzos (18,3); piedras y tierras (15,2); vidrio (13,9); hierro en barras (13,8); ladrillos y baldosas (10,7); muebles (7,8); lata manufacturada (7,4); pipería (6,9); máquinas (6,1); cera y estearina (5,6); barnices (5,5); bacalao (4,5); aceite de semillas (3,9); zinc (2,3); palma obrada (1,9); pimentón (1,6); pasta para sopa (1,5); manteca (1,4); hojalata (1,4); colores en polvo (1,4) y mimbres (1,3). Estos 35 productos principales suman 2.949 toneladas y a ello hay que añadir infinidad de artículos con pesos inferiores a la tonelada, como algarroba, alpiste, forrajes, salvado o conservas.
Se sorprende Martínez Garrido de que «en el país de los tejeros se importen ladrillos», y reduce las mercancías de salida a «maderas, muebles de algún carabinero que muda de puesto, pipas vacías devueltas y algún que otro bulto que vino averiado o equivocado».
Del comercio terrestre comenta que «no hay datos fijos». Pero detalla que de Torrelavega vienen harinas, forrajes, salvado, patatas, verduras, tejidos catalanes, papel de imprimir y vinos de valdepeñas. Y, sobre todo, para Torrelavega salen vacas compradas en el mercado de Posada a tratantes que las adquirieron en Infiesto, Corao, Cangas de Onís y Arriondas.
Sobre el movimiento de ganado matiza que «Posada es más activa que Llanes en este sector» y asegura que «por allí circulan 150.000 duros en operaciones de compraventa de ganado vacuno»· Explica que Llanes perdió la hegemonía en este segmento porque «se dedicó a divisiones internas, no ofreció pastos gratuitos, no favoreció a los tratantes y no dispuso de un lugar para las contrataciones».
Hace un mes que los datos expuestos, y más para con ellos, descansaban sobre la mesa. Dividí en dos fases la vida, la muerte y el pensamiento de Manuel Martínez Garrido y pienso que no llegué ni al 5% de lo que este hombre puede ofrecer de su relación con Llanes. Sus artículos están en la prensa local. Allí duermen el sueño de los justos. Al fallecer dejó viuda y tres hijas, que llevarían el apellido Martínez Posadillo, de las que nada sé. La primera foto es del ‘Llumeres’, un buque carbonero que se movía por el Cantábrico, y la segunda es del ‘Rafita’, un emblemático barco de transporte que visitaba Llanes en la década de los 50, nada que ver con la época de Martinez Garrido. Salud y saludos a los valientes que llegasteis hasta aquí.
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