Mascarones de proa: el poder de la belleza en los mares

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“Cualquiera sea su forma, los mascarones de proa fueron la carta de presentación de las naves y uno de los íconos emblemáticos de las costumbres marineras y del espíritu del Hombre de la Mar”.

Leído atentamente el sencillo, pero precioso escrito que sobre el mascarón de proa del “Maria Galante” editó en la web de la “Cofradía de Pescadores de Llanes” (cada vez me gusta más esa página), nuestra admirada Maiche Perela, no he podido resistirme, a dar algunos datos más sobre esa figura decorativa, pensando que Perela, no tuvo ni tiempo ni espacio para hacerlo.

Así que, empecemos.

Parece ser que tal palabra nos viene de las palabras árabes  “maçjara” (“bufón”), y “sakhira”, (“ridículo”), con influencia del italiano “maschera”, la cual se derivó de la palabra “masca” (bruja)

De siempre los marineros han sido un grupo muy cuidador de sus tradiciones, y por qué no decirlo, de sus supersticiones, ya que desde la oscuridad de los tiempos se han tenido que enfrentar a un elemento para ellos totalmente desconocido y por lo tanto temido, por aterrador.

Debido a estos principios, desconocimiento y temor, buscaron la forma para que sus viajes fueran lo más seguros posibles, apareciendo entonces pintados, ya en tiempos de los antiguos navegantes fenicios, egipcios, griegos y romanos, los “óculos” (del latín “óculos” = ojos), en las amuras de sus embarcaciones, con el fin de que el barco pudiera “ver”, y por lo tanto encontrar el camino más seguro en la Mar.

Se desconoce el origen exacto del “mascarón de proa”, también llamado “figurón de proa”, pero hay indicios de que sus comienzos fueron creados con fines mitológicos, invocando la ayuda de los dioses para que los protegiera de las fuerzas de la Mar y sus espíritus malignos, religiosos, para bajo sus invocaciones les ayudaran y protegieran, o simplemente para asustar a sus enemigos. La razón final residía en procurarse la protección divina antes de enfrentarse a los peligrosos mares.

Ya los fenicios decoraban con la figura del caballo, como amuleto protector, las proas de sus naves, además de una enseña consistente en una asta con un globo y una media luna, símbolo de su poderosa diosa Astarté.

Mientras, las naves de guerra romanas, en el período en que Roma dominaba en tierra y la Mar acostumbraban a portar la representación de un águila en la proa. Por otro lado, hay numerosas imágenes de buques mercantes romanos, cuyas naves nos aparecen mangadas y redondas, con la roda de proa saliente y una popa alta, cuyo codaste se curva hacia dentro adoptando la forma de “cuello de cisne”.

Tienen que pasar algunos siglos, hasta el 790, cuando irrumpen en la historia de la navegación, los navegantes normandos sobre sus famosos “drakkars”, en los cuales podemos ya ver un “figurón de proa”, en forma de cabeza de dragón (en sueco “drake”), como señal del poder de sus tripulantes, y como único objetivo, el de infundir terror entre sus enemigos. Estos “dragones” vikingos, se tenían que desmontar cuando arribaban a sus puertos base, porque sus habitantes creían que aterrorizaban a los espíritus protectores del lugar.

Ahora bien, la gran expansión de las “figuras proeles”, a las que llamamos, mascarones, tuvo su máxima expansión de los siglos XVI al XIX, como una figura decorativa generalmente tallada en madera , que llevaban durante ese tiempo los buques y galeones que surcaban las Mares, situado coronando el tajamar, bajo la base del bauprés, y más ornamentada o pintada según la jerarquía de la embarcación que engalanaba. Paulatinamente fue desapareciendo con la irrupción de los buques de acero, ya en la Gran Guerra (Primera Guerra Mundial).

Infinidad de mascarones, fueron ensamblados con nombres determinados por muy distintos motivos, distinguiéndose entre los pertenecientes a buques de la Armada, y a naves mercantes, siendo todos ellos fueron muy reconocidos en su tiempo,

Para finalizar veamos algunos ejemplos:

Galera “La Real” de D. Juan de Austria (“Jeromín”): Representa a un agresivo Neptuno como todopoderoso dueño de las Mares, montado sobre un delfín y blandiendo la “fitora” (“tridente”), arma muy poderosa que podía crear terremotos, movimientos de rocas, fuertes vientos, oleajes, tempestades y aniquilar a sus enemigos.

Navío de línea “Santa Ana”: Un león coronado y engallado, figura clásica de los barcos de guerra de la Corona Española.

Navío de línea “Santísima Trinidad” (el “Escorial de los Mares”): Su mascarón representa a un león coronado y rampante. En la Armada Española rugió durante algunos siglos sobre la Mar ejerciendo su pleno dominio.

Buque Escuela “Juan Sebastián de Elcano”. Su mascarón de proa representa a Minerva, la diosa romana de las tres gracias, la sabiduría, las artes y la estrategia.

Bergantín, buque mercante. Su mascarón era “El Ninot” (el “muñeco”), una talla de madera del siglo XIX de autor desconocido, que representa un niño que lleva el certificado de tercer piloto o “pilotín” enroscado en la mano izquierda, que significa que ya se podía embarcar como alumno de náutica, y la gorra de plato en la derecha.

Bergantín mercante “Espíritu Santo”: De principios del siglo XIX que navegaba entre España y América del Sur, su capitán era Francisco Paula de Fernández. Su nombre pasa a la historia por dar aviso de una posible flota británica que parecía querer invadir el Virreinato del Río de la Plata durante las Guerras Napoleónicas.

El Clipper “Cutty Sark”: La figura de una bella bruja con un camisón corto (“Cutty-sark”), y que lleva en la mano la cola de un caballo. Esa es una bonita leyenda, que algún día os puedo contar, siempre que sea de vuestro interés.

Plinio el Viejo, afirmaba que una mujer desnuda o semidesnuda era capaz de calmar las Mares más turbulentas, como la música amansa las fieras, y por eso que mujeres con el pecho desnudo, que según decían los romanos, actuaban como talismán para el buen tiempo, fue el motivo por el cual las marineras supersticiones hicieron que la sirena, con el tiempo, se convirtiese en el femenino mascarón de proa más común.

Buena Mar y hasta la vista amigos.

Fernando Suárez Cué

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