NAVEGANDO A LA VELA

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Me gustan las cosas con la mayor claridad posible, por eso me gusta navegar a vela, que mientras para unos es un deporte puramente de aventura, para otros es algo más meditativo o espiritual. Es una forma de vida.

Enfrentarte noblemente, sin miedo, pero sí con mucho respeto, a una Mar, a la que debes de adaptarte con la convención de que siempre consigue lo que se propone, es por eso por lo que en el caso de que se te presente cualquier duda sobre algún detalle, lo más inteligente es intentar recordar que le hiciste y que te hizo, para así perfeccionar tus técnicas de navegación.

En la Mar puedes hacerlo todo bien, pero te tienes que atener estrictamente a las normas que constantemente te está marcando, pues si te sales de ellas, no dudes que puede vencerte hasta acabar contigo, tanto de una manera suave, como con una violencia inimaginable

No sé dónde oí, que, llegado este extremo, si eres un buen navegante, al menos sabrás donde te encuentras en el momento de morir, que es mucho más de lo que otros pueden no saber, sino que ni siquiera sospechar.

Cuando te dejas llevar por suaves vientos sobre aguas claras, aferrado al timón y ajustadas las velas, puedes sumergir los sentidos y observar con lujuria, las maravillas de la Naturaleza que te rodean.

En días nublados o lluviosos, el navegar a la vela es estimulante, refrescante y, a menudo, eufórico, e incluso, en los días más ventosos, puede resultar un reto hasta estimulante.

Notas que la vida te rodea, que el viento te empuja y que su potencia la sientes en la caña que tienes en tus manos.

Es entonces cuando se entra en esa sensación de libertad, en la que uno se pierde, y tan solo te centras en hacer bien «las cosas del barco”, en un juego de fuerzas, hasta que llegas a la comunión con su alma (pues los barcos tienen alma, dadlo por seguro), te olvidas por completo de una serie de cosas que nos agobian cuando estás en tierra firme.

Es una terapia mental, bajo la que te dedicas a colocar cada cosa en su sitio, olvidándote de aquellas superfluas y centrándote tan solo en las que de verdad dan sentido a tu vida, dando como resultado el que avancemos con seguridad hacia dónde queremos dirigirnos.

La sensación que produce navegar a vela no es fácil describir, pues al final es solo la invitación a estar «presente en el momento», a escuchar el sonido del agua, el del viento, liberar tu mente, y oír al mundo rodar. 

… ¡Y nada más!

Un fuerte abrazo, buena Mar y hasta la vista amigos. 

Fernando Suárez Cué

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