PRESERVANDO EL PULMÓN AZUL: CUIDEMOS NUESTRO MAR

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Creo que ya se debía de haber corregido una idea consistente en la ya muy extendida y errónea creencia de que son los bosques los principales productores de oxígeno de nuestro planeta

Hace tan solo algunos meses contemplábamos desolados como ardía la selva Amazónica, y durante la avalancha y diría que hasta cansina información mediática y de opinión que un suceso de tal magnitud despierta, pudimos leer y escuchar sin restar ni un ápice de gravedad a lo que estaba aconteciendo y que no paraba de repetirse una y otra vez, que… “Está ardiendo el pulmón del planeta”.

Cuando no responden a causas naturales, pues no hemos de olvidar que en ocasiones la vegetación de un ecosistema y su equilibrio están adaptados a un régimen natural de incendios, como por ejemplo es la gran sabana del Serengueti africano, que la Naturaleza lo tiene así contemplado, y los incendios sobre los bosques y selvas de nuestro planeta son una verdadera desgracia si se ceban en ellos, y muy especialmente si lo hacen sobre la Selva Amazónica o en el Bosque Tropical de Borneo, por ejemplo, ya que son entes imprescindibles para la vida en la Tierra.

Eso sin olvidar la existencia de la Taiga, ese  “bioma  que se desarrolla desde el paralelo 55 N hasta el círculo polar y está caracterizado por sus enormes formaciones boscosas de coníferas (las únicas que pueden soportar temperaturas medias es 19 °C en verano, y -30 °C en invierno), que la convierten una de las mayores masas forestales del planeta, con una superficie total que supera los 17.000.000 de Km2

Geográficamente se sitúan en todo el norte de Rusia (incluyendo Siberia), norte de Europa, en la región de la Bahía del Hudson, en el norte de Canadá y en el estado de Alaska.3​ Está limitada al sur por la estepa y al norte por la tundra.

Sin embargo, existe la extendida y errónea creencia de que los bosques los principales productores de oxígeno de nuestro planeta, lo que conviene desmentir, no por querer quitarle importancia al papel que sobre nuestro planeta desempeñan las selvas y bosques, si no por dársela a los verdaderos responsables de que hoy tú y yo podamos respirar: Los Océanos. Los pulmones de la Tierra 

Cuando se contempla nuestro planeta desde el espacio (los que han podido hacerlo), se observa su precioso color azul, ya  que en su mayor parte su superficie está cubierta de agua, y si defendemos la teoría de que la vida en la Tierra surgió de tan preciado líquido, y que siendo precisamente esta agua la responsable de la mayor parte de los servicios que nuestro planeta nos ofrece, es ahí, y en concreto, donde debemos emplear todos nuestros esfuerzos para protegerla. El agua de  nuestras Mares y Océanos. 

Se calcula que el área total de bosques en el mundo es de 4 060 millones de hectáreas, que corresponde al 31 por ciento de la superficie total de la tierra, mientras que lo que nos pueden ofrecer las algas y plantas marinas del éste, estamos hablando el hábitat más extenso del planeta, contempla una superficie de aproximadamente 300 millones de km2, donde habita el fitoplancton que tan gran servicio nos hace, aunque él no lo sepa.

 Estos microorganismos “autótrofos” (aquellos que elaboran materia orgánica a partir de sustancias inorgánicas) que son los verdaderos responsables de que podamos respirar se encuentran en los océanos, ya que sin ellos serían un vasto y yermo páramo líquido carente de toda evolución y vida, pues gracias a su imprescindible trabajo fotosintético, estas microscópicas criaturas producen entre el 50 y el 85 % del oxígeno que se libera, unos 27.000 millones de toneladas cada año a la atmósfera.

Eso sin contar con otra de las maravillas que ejecutan y que nos favorece en sobremanera como es el “enterrar” a su vez unas 10 gigatoneladas de carbono de la atmósfera en las profundidades del océano anualmente. 

Respecto a las algas de nuestras costas, nos resultan más familiares, pues son las que podemos observar en bajamar cuando paseamos cerca de la lastra, y son las que  componen esas franjas netamente dibujadas a distintos niveles sobre escolleras y diques de los puertos, siendo, para finalizar, las que descubrimos cuando practicamos la inmersión o simplemente observamos el fondo a través de la superficie en calma con aguas transparentes, pues son, en definitiva algas que viven fijadas a las rocas del fondo en una estrecha franja costera, definida por la disponibilidad de luz. 

Es curioso que todos nos echamos las manos a la cabeza, cuando algún enorme incendio forestal se apodera de grandes zonas boscosas del planeta, y debe de ser así pues es una tragedia el que ocurran esas desgracias.

Por eso me pregunto más de una vez, pero… ¿Qué pasa?, ¿Acaso es más importante un pino piñonero o una secuoya, que una humilde posidonia, o una conocida alga roja?

Cada una de ellas tiene una importancia vital en su ámbito y podríamos encontrar cientos de razones para afirmar que su conservación, aparte de las acciones que pudiéramos tomar cada uno de nosotros, debería ser una prioridad en toda agenda ideológica y política, sea del partido que sea.

Seamos serios, cuidemos nuestras Mares y Océanos, pues nos va mucho en ellos, y ya no para nosotros, sino para que los que vienen detrás nuestro puedan disfrutar de un mundo más o menos maravilloso y  variado como el que hemos podido disfrutar nosotros,

Buena Mar y hasta la vista amigos.

Fernando Suárez Cué

 

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