Antes de la  llegada del tren a Llanes, el medio más rápido de comunicación era el mar, tanto para las mercancías como para el  correo.

Mediado el siglo XIX, cuando ni siquiera funcionaban las empresas de carruajes, el quechemarín “Español”, cuyo capitán se llamaba Domingo Lanuzosarica, realizaba esos servicios.

El 26 de enero del año 1856, aquella embarcación trajo a Llanes, además de la correspondencia, variados productos textiles, que seguramente hicieron las delicias de sastres y mujeres de la villa:

1 arroba de bayeta verde

1 arroba de piezas de mahón

10 arrobas de piezas de algodón blanco 

36 de hilladillos

1 gruesa de cordones

6 docenas de cintas de sastre

4 docenas de medias azules 

7 docenas de pañuelos negros

Y todo por un valor de 6.662 reales de vellón.

Está clara, como dice la canción, la preferencia del azul para las medias.

Imagen, “El Oriente de Asturias”

 

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