Os voy a contar una historia, que espero no abráis en horario infantil, y de la cual solo me voy a permitir nombrar a una persona, pues el resto no viene a cuento, y si viene, como “si no viniera”, que luego todo lo “facebooqueais”, y eso no está nada bien.
Si no recuerdo mal, era sobre finales de Agosto, o principios de Septiembre del Año de Gracia de 1970, cuando las autoridades pertinentes dieron ese día como último de la costera (no se dé cuál de ellas), y por lo visto, había que levantar todos los aparejos que hubiera en la Mar y llevarlos a tierra.
Me encuentro con José Antonio García Álvarez (“Tajuelo”), en una verbena de “la Guía”, y me dice que, si quiero ir con ellos a recoger los dos aparejos que le quedaban en la Mar, a lo cual le contesto que me gustaría mucho, pero que tengo un compromiso con dos chavalas mexicanas para ir a la playa. Por cierto, años después, me enteré de que en esa época me pusieron un mote, que ya veremos si algún día os lo digo.
Me dice rápidamente que me deje de playas y que pueden, si quieren, embarcar con nosotros.
Así lo hice y de la verbena al hotel “Don Paco” a cambiarse de ropa, y de allí a La Barra, y de la Barra a la “Celesta”.
Salimos, recogemos los aparejos en un día precioso, la Mar “como una poza”, y p’a casina.
Todo iba como una seda, cuando ya de regreso, y como nos encontrábamos al Oeste de Llanes, pasamos a pique de los cinco islotes que forman los denominados “Castros de Poo”, donde vimos que había un cierto movimiento, en uno de ellos. el llamado “El Castru de Poo” (los otros cuatro son, el “Palo de Poo”, el “Castru de la Olla”, el “Castrín de León” y “Castru Pelau”)
Allá que nos acercamos y nos encontramos, con uno de los marineros de más raigambre, de los más conocidos y de los más simpáticos de Llanes (por lo menos para mí, que fue uno de mis maestros), que estaba a percebes.
Sobre la borda de estribor allí nos apoyamos, Tajuelo, las dos mexicanas y yo, para ver lo que podíamos cotillear.
Se dirige Tajuelo al susodicho mariscador y le dice: ¿Buenos kilos?
“Hombre los suficientes, pero podría ir mejor” (Jamás un marinero te decía que le iba bien la cosa).
¿Y el tamaño? Pregunta nuestro patrón.
Tan grandes como la mi “churrina”, contesta el del castru.
“Ya será menos”
¿Menos? … “Tajue”, ya sabes que yo no miento, así que mira”.
Y abriéndose la bragueta, saca al exterior sus atributos masculinos (también llamados “vergüenzas o “partes nobles”, según el tamaño que tengan), pone a su lado uno de los percebes, y la comparación resulta sorprendente… ¡Santa María de los Castros! …. ¡!Menudo percebe!
Oigo un grito, y veo como las chicas salen corriendo hacia la otra banda y desaparecen por detrás de la caseta de gobierno.
Muy molesto me dirijo hacia el mariscador y le recrimino diciéndole “Te has pasado tío, te has pasado mil pueblos. “Ahora a ver con que cara me pongo ante ellas y que digo para defenderte de tu mala acción.
A lo que me contesta, muy socarrón… “Pues ahí las tienes chaval, habla con ellas”.
Y cuando me giro, veo a las dos primas (pues eran primas), que habían vuelto, pero con una máquina de fotografiar en las manos… ¿Me podéis creer?
Mi capacidad de asombro ante el comportamiento de las féminas no tenía limite, bueno… ¡Ahora tampoco lo tiene!
Claro que, pensándolo bien, me malicio las crías lo que querrían eternizar era aquella maravilla de paisaje, pues la costa de Poo, desde la Mar, es más que impresionantemente bella, máxime cuando la ves encuadrada bajo el imponente y maravilloso “Cordal del Cuera”.
Claro que es una opinión muy personal.
Lo que, si es cierto, es que famoso “Eden”, no estuvo nunca en Mesopotamia, lo tuvimos desde el origen de los tiempos, aquí en casa.
En fin, la verdad es que, por “ahí afuera” pasan unas cosas…
Un abrazo, buena Mar y hasta la vista, amigos.
Fernando Suárez Cué

Foto (1) Los “Castros de Poo”

Foto (2) El “Castru”

Foto (3) El “Palu”

Foto (4) La comparativa, entre un puñadin de percebes, y…la mano





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