Al Faro de Llanes, se refirió Fernando Vela en un artículo titulado, precisamente, El Faro.

“ Al anochecer se enciende el faro. Pero en este pequeño puerto no entran grandes buques. La principal finalidad del faro es señalar la posición a los barcos que acaso cruzan a demasiada distancia para poder distinguirle. Pero el faro cumple impertérrito su deber. Tal vez por eso, después de enviar tres breves destellos hacia el mar se entretiene más tiempo iluminando con un haz prolongando el paisaje terrestre, más diverso y divertido, lanzando cables de luz a las cosas náufragas en la sombra. Ahora enfoca un caserío en las montañas, después un boscaje, luego la curva de un camino.

Por las ventanas de mi casa entran sus rayos, pasean las habitaciones y se van otras vez como fantasmas transparenten, después de mirar mi cama desde la cabecera a los pies, detenerse un instante en un cuadro en la pared y poblar de imágenes, por un momento, el espejo que estaba vació de ellas. A la noche veo, por los resquicios de las contraventanas, sus fulgores cuya periódica regularidad me tranquiliza y me acuna y duerme, como una canción repetida monótonamente. Si una noche el faro se apagase, o cesasen sus pulsaciones, me levantaría sobresaltado porque solo una catástrofe puede extinguir sus latidos de luz”

 

Imagen, Valentín Orejas

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