Mucha es la documentación que existe de las relaciones de Llanes con el Real Monasterio de Santa María de Valdediós. El origen y la causa son los interminables pleitos a consecuencia de que el Monasterio poseyera sobre el puerto el derecho a la décima parte de su portazgo.

A lo que hay que añadir el tributo anual de la sal, el cual, también por privilegio de Alfonso IX, confirmado por Alfonso XI, obligaba a todos los puertos del litoral asturiano, entre los que se encontraba el de Llanes por derecho propio, a entregar al Monasterio de Valdediós, para homenaje y sustento y manutención de los monjes,“treinta fanegas de sal y 28 fanegas de cada embarcación de sal que entrara en los puertos de Asturias”.

Posteriormente, todos los reyes lo confirmaron, haciéndolo Carlos I en el año 1531. 

La carga no debía ser muy llevadera, como lo acredita que tanto Fernán Duque de Estrada como los mareantes y vecinos de Llanes se volvieran remisos al tributo. Ante tal insumisión se decretó en 1557 la obligatoriedad judicialmente, y continuó  vigente en tiempos de Felipe II a pesar de incorporarse las salinas al Real Patrimonio.

Pocos años después (1574), se inician varias campañas para evitar el tributo, por lo que el Monasterio recurre a la Correduría Mayor de Hacienda.

Sin embargo, no será declarado abolido el privilegio hasta 1827.

Las cuentas y las noticias del tributo llanisco son suficientes para acercarnos al movimiento portuario de la villa y a la importancia de su comercio y pesca, constando una vez más el florecimiento económico que nuestro puerto gozaba en aquellos tiempos.

Imagen, Valentín Orejas

Fuente, “El Oriente de Asturias”

 

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