Sin duda que el mayor desafío al que se enfrenta la humanidad para las próximas décadas, a parte de la obtención de energía, es alimentar a los 9.600 millones de personas que habitarán el planeta en el año 2050. Y de ahí la incansable búsqueda de alternativas sostenibles a los actuales sistemas de producción. Entre ellas, se posiciona el cultivo de organismos acuáticos, la Acuicultura, sector que está creciendo de manera exponencial y que se prevé que en el año 2030 se convierta en la principal fuente de pescado a nivel mundial.

Por ejemplo, en España alrededor del 95% de algunas especies como la  dorada, la lubina o la trucha vienen de piscifactoría. Además, somos el segundo mayor consumidor de salmón fresco de la UE, solo de esta especie nos comemos al año 1,5 kilos por persona. A nivel global, este consumo de pescados de cría ha propiciado que la acuicultura haya aumentando del 5% hace pocas décadas al más del 40% que supone hoy.

Desgraciadamente, todo indica que es probable que nuestra generación sea la última que vaya a disfrutar de la pesca tal y como la hemos conocido hasta ahora, ya que en un futuro la práctica totalidad del pescado que se consuma procederá de granjas,

Sin embargo, no es oro todo lo que reluce, según la FAO casi el 20% de las capturas de peces salvajes se convierten en harinas y aceite de pescado con el fin de alimentar a los animales de la acuicultura. Así, sin entrar en los valores nutricionales, del sabor o de que todos los ejemplares cultivados son iguales, o como poco muy parecidos, la propia naturaleza del modelo de producción de pescado de las piscifactorías está generando un problema medioambiental con impacto en la biodiversidad marina y en comunidades de África Occidental, América Latina, Asia y otras zonas del Sur global, donde se acaparan recursos locales esenciales. Es un sin sentido que se utilicen peces que podríamos comer perfectamente para fabricar piensos para otros peces.

Además, a los pescados de piscifactoría se les da antibióticos, existiendo hasta 10 tipos permitidos, porque si un pez enferma, es muy fácil que enfermen todos, incluso de diferentes tanques, ya que las aguas suelen estar conectadas.

Si bien, no podemos dejar de reconocer que se trabaja con el fin de lograr una alimentación alternativa para los peces de piscifactoria.

Pero de momento, y como siempre, los consumidores, si no pueden optar al pescado proveniente de la pesca artesanal, el único sostenible, se encuentran sumidos en un mar de dudas a la hora de tomar decisiones responsables para comprar.

Imagen, Valentín Orejas

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