Debido a la educación sobre los conocimientos de las que disfrutamos y a la gran tecnología de la que ahora que hasta ahora hemos ido consiguiendo, muchas de las antiguas supersticiones han ido desapareciendo poco a poco, aunque no todas, pues acordaros de la célebre frase…” En martes, ni te cases ni te embarques”.

Antiguamente se daban una serie de órdenes en los navíos a la hora de zarpar (levar anclas, largar la mayor y trinquete, izar foques y mesana, timón a la vía, y otras más), para iniciar un viaje en altamar, pero no valía todo, pues una serie de creencias y supersticiones no solo no lo aconsejaban, sino que inclusive no lo permitían, tanto por los armadores, capitanes y marineros, como por las mismas autoridades portuarias.

Y me explico:

Lo mismo que entre nosotros, los llaniscos, teníamos como superstición, unas fechas señaladas para no ir a las playas a darnos unos “calumbos” como era el día de Aurelio Agustín de Hipona, ​ para nosotros conocido como San Agustín (28 de agosto), en el cual, a los críos si nos dejaban ir a la playa era para que jugáramos en los “pocinos”, pero con la condición indiscutible de que no nos metiéramos en el agua, por el peligro de ahogarnos que ello conllevaba. 

Otras supersticiones, hoy día muy curiosas para nosotros, se implantaron entre los marinos y marineros que se preparaban para empezar sus largas singladuras, como era el respetar los días “señalados” como nefastos, a saber: 

Los viernes, ya que era el día en que se produjo la crucifixión de Cristo, el Hijo de Dios.

El primer lunes de abril, en que se suponía que fue el día en que Caín, enloquecido por celos, mató a su hermano Abel.

El segundo lunes de agosto, en el que se suponía fue el día en el que Dios castigó a Sodoma y Gomorra, debido a sus grandes y nefandos pecados, destruyendo ambas ciudades.

El día 31 de diciembre, porque se suponía, según la Biblia, fue el día en que se ahorcó Judas Iscariote, debido a su remordimiento por la traición efectuada hacia su Maestro, al entregarlo a sus enemigos. 

No se zarpaba si en aquel momento se oían desde el barco el tañido de campanas, pues era sinónimo de malos augurios, ¿La llamada a “muertos”?

Había otras muchas supersticiones a bordo de los barcos, pero esa ya es otra historia, así que…

Buena Mar y hasta la vista amigos. 

 

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