Sobre la cueva de San Antón existió una pintoresca capilla, dedicada al santo del mismo nombre del barrio, que tenía un altar barroco-rococó sin dorar.

Según la leyenda, en la  la capilla de San Antón Abad, el de la mar, que desapareció durante la guerra civil al convertirse en un refugio, se depositó  la imagen de la Virgen de Guía cuando fue hallada en la mar. También, cuentan que cada 17 de enero era tradicional ofrecer a San Antón panojas de maíz y besar la parte posterior de un gochín de madera muy oscura que figuraba a los pies del santo, que la encargada de recibir las limosnas presentaba a los niños.

En la actualidad aquel San Antón y su cerdito se encuentran en el retablo de la Trinidad de nuestra Basílica.

Maiche Perela Beaumont

Imagen, lámina del libro “Hemeroteca”, editado por “El Oriente de Asturias”

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