LA GALERNA Y EL VAPORCITO “LLANES” | AÑO 1910

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BUCEANDO EN “EL PUEBLO” AÑO 1910

“El lunes y martes de la presente semana toda la costa Cantábrica ha estado sometida a los efectos de un fortísimo temporal, causando varias desgracias en distintos puntos, sin que en este Concejo afortunadamente hayamos tenido ninguna.

Era un precioso espectáculo, produciendo a la vez penosa impresión recordando los miles de seres que sobre su superficie se encontrarían, el presenciar el estado agitadísimo del mar, en forma tal, que no se ve con frecuencia aquí, y eso que este rincón es uno de los puntos en que más bravío se muestra el mar Cantábrico.

Las olas causaron algunos destrozos en la cueva del “Talero”, en San Pedro, de donde arrancaron la barandilla, retorciéndola como si hubiese sido realizado por la mano del hombre, en las obras exteriores del puerto tiraron varios muros, arrastrando la grúa grande, que pesa unas cuantas docenas de toneladas, a nueve o diez metros del punto en que estaba sujeta por cuatro ganchos  de hierro, y tiraron la mitad del tejado, un muro y varias puertas de la fábrica de escabeche, en construcción, situado al E del Fuerte.

Por la prensa provincial sabemos  que han ocurrido algunos naufragios, entre ellos el del vaporcito “Llanes” de la casa “Blanco Hermanos”, de esta villa, que antes estaba dedicado al pequeño cabotaje y hoy lo tienen arrendado sus armadores a la sociedad “Severino González y Compañía” que lo dedicaba a la pesca de arrastre.

El día 24, cuando el ciclón, venía de la pesca con su pareja el “Cabo Noval”, y cuando se hallaban a la altura de Villaviciosa, el “Llanes”, no pudiendo aguantar el tiempo decidió entrar en Tazones, mientras el otro, barco nuevo y de gran poder, siguió el viaje, llegando a Gijón sin novedad.

El “Llanes” pudo entrar en Tazones, y después de dejarlo amarrado, su tripulación saltó a tierra.

Pero a eso de las tres de la mañana el día 25, arreció el tiempo y, habiéndole faltado las amarras al buque, el viento lo sacó del puerto, echándolo a la mar y estrellándolo sobre la costa.

No ocurrieron, por suerte, desgracias personales”.

 

Imagen, Valentín Orejas

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