Os voy a contar una historia, que por cierta y verdadera creo que os dejará tan asombrados, como me ha dejado a mí. 

Todos sabéis, que la música es un lenguaje tan universal, que puede llegar a que dos especies tan distintas como el hombre y la “ballena beluga”, puedan llegar a entenderse, pues conocidas como los «canarios del mar», por su complejo repertorio de gorjeos y chasquidos, que pueden ser oídos dentro y fuera del agua, las belugas pueden llegar a emitir hasta 32 sonidos, algunos muy parecidos a los que emite el ser humano.

Así que os cuento como se desarrolló la “Operación beluga”

A fines de diciembre de 1984, un cazador “chukchi” (pueblo “paleosiberiano” que habita una zona muy extensa y casi despoblada entre el mar de Bering y el mar de Chukchi, incluyendo la península de su mismo nombre), o un grupo de caza (no se sabe exactamente cuántas personas estaban presentes en ese momento), se encontró con la “veta madre” de la presa que andaban buscando, pues aproximadamente 3.000 ballenas beluga se encontraban atrapadas en las aguas heladas del estrecho de Senyavin en la península de su mismo nombre.

El cazador, o los cazadores, se dieron cuenta de que estaban atrapadas, porque las ballenas (una de las principales fuentes locales de alimento), se agolpaban alrededor de los pequeños huecos de agua abierta que salpicaban la helada banquisa, desesperadas por tomar un poco de aire.

¿Cómo llegaron allí aquellos animales hasta encontrarse en tal situación, especialmente en cantidades tan grandes?

Una teoría actual es que las ballenas, ya sea en grupos más pequeños, o en un conjunto tan enorme, iban persiguiendo a sus presas, probablemente un, también, enorme banco de bacalao, hasta caer directamente en la trampa. Luego, fuertes vientos llenaron la grieta con trozos de hielo a la deriva hasta cerrarla con una capa de aproximadamente 12 pies (4 metros), de espesor, siendo entonces demasiado grueso y fuerte para que las ballenas pudieran atravesarlo, pudiendo solo defenderse aprovechando las pequeñas aberturas existentes entre los trozos de hielo para que poder respirar. 

Claro que las belugas podían nadar bajo este hielo hacia la libertad, pero la distancia bajo la banquisa hasta encontrar aguas abiertas era demasiado larga para que pudieran hacer el viaje con solo una inspiración como reserva de aire, por lo cual, y siguiendo su instinto, lo consideraron un esfuerzo demasiado arriesgado, decidiendo entonces no moverse del lugar en que se encontraban.

Pero sigamos. 

Ante tal espectáculo, los presentes cazadores, probablemente muy emocionados ante la perspectiva de carne fácilmente a capturar, se prepararon para la caza, pero, sin embargo y a medida que se acercaban a sus presas, la magnitud de lo que realmente estaban contemplando, comenzó a hundir su deseo predatorio para convertirse en un llamamiento a la defensa y conservación de aquellos cetáceos, aunque solo fuera por el ancestral y propio interés de no desperdiciar ninguna fuente de alimento.

No hace falta decir que encontrar miles de ballenas encerradas en una grieta, y ya fuera de su control, es el tipo de cosas que tiendes a informar a las autoridades pertinentes, lo que hicieron los cazadores.

Inmediatamente se encendieron todas las alarmas enviando expertos en helicópteros para inspeccionar el lugar, mientras que los cazadores, organizándose con rapidez y responsabilidad, llegaron, incluso, a llevar pescado congelado para alimentar a las ballenas atrapadas, acción que continuó otro grupo de helicópteros llegados al lugar, para a llevar a cabo tan magnífica misión.

Los equipos enviados al sitio pronto llegaron a la conclusión de que la única forma de salvar a las ballenas era despejar un camino a través del hielo para que pudieran escapar. El hielo de cuatro metros de espesor no es una barrera trivial, y debido a esto, y al estar en las cercanías de la base naval de Vladivostok, fue determinante para reclamar los servicios del gran rompehielos ruso “Moskva”, que, atracado en dicho puerto, fue finalmente enviado al lugar del suceso, para que con su acción se pudiera librar a las ballenas.

Llega el “Moskva” a la zona en cuestión en Febrero de 1985, y su capitán A. Kovalenko, quiere abortar la misión, ya que cree que la capa de hielo es, simplemente, demasiado espesa., pero cambia de opinión después de ver que decenas de ballenas empezaran a morir asfixiadas.

Es a partir de ese momento, cuando se hicieron esfuerzos genuinos para mantener vivos a estos animales, a pesar del evidente conflicto de intereses entre una comunidad que practica la caza de subsistencia hasta el día de hoy, y una gran manada de animales atrapados.

El barco, cargado con todo el combustible del que era capaz de cargar en sus tanques, empieza a atravesar el hielo, sin embargo al principio no salió como esperaban, ya que las ballenas, viendo espacio que se les consiguió, empezaron a salir por los grandes huecos abiertos para alimentarse, descansar y recuperarse, jugando, silbando, chillando y resoplando, pero aun así, no se acercaron al barco ni al pasadizo que este estaba abriendo, aunque el rompehielos se movió hacia la manada sin conseguir ningún progreso.

Ya algo cansados y sobre todo desanimados, la tripulación no sabía que treta emplear, hasta que alguien comentó que creía saber que las ballenas beluga, reaccionaban muy bien a la música. Así que, colocando una serie de altavoces en la cubierta y puente del buque, lo probaron poniendo a todo volumen unas piezas de música clásica, que ante el asombro de todos parecía atraer a las ballenas. Ese fue el momento del “Flautista de Amelín”

Al final, la tripulación hizo repetidas incursiones a través del hielo, yendo y viniendo hacia las ballenas, para hacerlas entender que deberían dirigirse al camino que entre el hielo iba abriendo poco a poco el Moskva. Los animales finalmente entendieron lo que se les ofrecía, y comenzaron a seguirlos poco a poco por el angosto paso que el barco había creado. De esta manera, las numerosas ballenas atrapadas, todavía una cantidad de alrededor de 2500 animales, encontraron finalmente su camino hacia la libertad.

Sin embargo, también hay algunos informes que nos dicen que cazadores locales consiguieron 500 ballenas, de las cuales unas fueron muertas por ellos y otras capturadas después de que murieran por asfixia, y llevadas hasta sus aldeas para su reparto, ya que todos acordaron de que estaban en su derecho.

La “Operación Beluga” sucedió realmente, siendo la base de una historia muy conmovedora que demuestra cómo la humanidad puede fomentar y proteger en la Naturaleza nuestros primos marinos, cuando quiere.

El comportamiento humano ha ido evolucionando a lo largo de miles de años, y basándose en los conocimientos y tecnología que actualmente disfrutamos, estamos capacitados para pensar con rapidez para resolver los problemas que se nos presenten.

Historias como esta nos hacen sentir bien, pues se consiguió que las belugas no murieran de hambre, ni sus cazadores tampoco.

Fue definitivamente un ganar-ganar

Agradezco personalmente el que este caso es la antítesis, de lo ocurrido no hace mucho en las Islas Feroe, donde se llevó a cabo una salvaje e indiscriminada matanza a machete, de más de 1400 delfines “calderones”

Bibliografía: Científicos balleneros 

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad