La pesca artesanal, una actividad ancestral y patrimonial, la única que es sostenible, que emplea artes pesqueras menores usadas tradicionalmente, barcos de poca envergadura sin grandes tecnologías que realizan pequeñas capturas, cerca de la costa, respetando la normativa, imponiéndose estándares más estrictos y que, además, está vinculada directamente con los puntos 12 (producción y consumos responsables) y 14 (protección de la vida submarina) de los objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU para 2030, viene denunciado que está asfixiada. Y no dejan de cundir las quejas por falta de acceso a la cuotas  pesqueras, a información y negociación, no sintiéndose representados adecuadamente por los gobiernos, las comunidades autónomas, los representantes en Bruselas, ni por la Unión Europea. 

Y es que, en los últimos años, el reparto de las cuotas pesqueras no se guía por principios sostenibles o  de creación de riqueza, sino por criterios políticos y territoriales. Y a eso se suma ahora el proyecto de la obligación de colocar en todas las embarcaciones dispositivos de geolocalización, el mantener un diario electrónico de capturas y la eliminación de las exenciones al combustible. Además, se intenta que no exista cohesión en el sector, ya que se considera que juntos podrían tener fuerza y convertirse en un problema.

Según Greenpeace: “Se favorece a los lobbies y los intereses industriales”. No teniéndose en cuenta que la pesca artesanal, que produce utilizando métodos tradicionales para ofrecer productos locales que no deben ser transportados a grandes distancias ni procesados, es la que más empleos genera, la que menos gasoil consume y por tanto menos contamina, siendo la eficiencia de pesca por unidad de combustible más alta que la industrial, además de generar menos descartes.

Los números hablan por si solos, en España se han perdido desde el 2011 al 2017 el 10% de la flota. Así, en 2011 estaban registrados 10.505 barcos, siendo 9.299 en 2017. La pérdida de 1.200 embarcaciones con la destrucción de 4.000 puestos de trabajo, supone la agonía de muchos pueblos costeros, así como la desaparición de su identidad y su historia. 

Y respecto a Asturias, la flota languidece, en los años 50 había más de 1.100 embarcaciones y 7.000 empleos. En los 70 y 90 eran 700 barcos y casi 3.000 empleos. Hoy no hay más de 250 y los empleos son menos de 1.000. Esa mengua tan importante de la flota artesanal contrasta con la modernización de la industrial que multiplicó por tres su capacidad, traduciéndose en la sobre-explotación de casi todas las especies.

Y en estas circunstancias, intuyendo que se quiere desmantelar el sector, entramos en pocos meses en el año internacional de la pesca artesanal, que ha declarado la  ONU teniendo en cuenta que las actividades de los pescadores artesanales son decisivas para proporcionar alimento y nutrición a millones de personas, contribuyendo a alcanzar el hambre cero y al cuidado de los recursos naturales y ecosistemas. 

¡Ojalá sirva para algo!

Imagen, Valentín Orejas

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