LAS COSTERAS 

En el libro editado por esta Cofradía, “Antiguos Mareantes de Llanes”, cuyo autor es Don Antonio Celorio Méndez-Trelles, podemos leer que la costera es una actividad cíclica de pesca. Desde la Edad Media hasta el siglo XIX quedan establecidas y definidas costeras donde se empleaban concretas embarcaciones, capturan específicas especies y se utilizan determinadas artes de pesca. Aunque, en los documentos, existen escasas referencias a la variable costera de Cuaresma (capturas de congrio, sarda, merluza..), destacan dos: de verano (menor),desde San Miguel a Resurrección, y de invierno (mayor), desde Santa Catalina (2 de noviembre) hasta octava de Candelaria (fin de febrero).

LAS COSTERAS DE VERANO

Ya hemos contando que desde la Edad Media hasta el siglo XIX, se quedaron establecidas y definidas las costeras, donde se empleaban determinadas embarcaciones, se utilizaban concretas artes de pesca y se capturaban específicas especies de peces.

Así, nos encontramos con la costera de verano y la de invierno. En la primera, considerada menor, se capturaban especies de inferior valor económico, como bocarte, sardina, túnidos, caballas, chicharros.., y se podían pescar hasta la noche. 

Los cardúmenes de la sardina, cuya costera  se iniciaba a primeros de julio hasta final de septiembre, se localizaban por la experiencia del patrón, vuelo de aves marineras y acoso de delfines. 

La costera del bonito, que no se cita hasta finales del siglo XVII, se iniciaba en mayo o principios de junio y terminaba en septiembre. En cuanto a la de merluza, no tenía tiempo definido, ya que podía realizarse en verano e invierno, siendo sus artes volanta y palangre. Recogían las Ordenanzas de Ribadesella (1768) que los puertos de Ribadesella y Llanes, incluso en las abras de Niembro y Barro, no se le ponía tiempo fijo de costera porque solo se aprovechaban de esta pesca por la noche, y  si se usaran otros instrumentos de los ordenados, incurrirían en la pena de 300 maravedíes, por la primera vez.

LAS COSTERAS DE INVIERNO

Por la demanda de sus pescados, besugo, congrio, mero, merluza, abadejo, pescadilla, la costera de invierno era más rentable que la de verano. Si bien, era más peligrosa, por lo que el 1 de noviembre la Cofradía de Pescadores de San Nicolás contrataba cuatro atalayeros, función que se asignaba a viejos o impedidos acompañados de un muchacho con buena vista. Éste  oteaba la mar, desde específicos promontorios, en la villa, la atalaya de San Pedro, para visualizar los cambios meteorológicos y la llegada de embarcaciones y se encendía una hoguera. También, la Cofradía contrataba un farolero, seguramente situado en la Punta de Caballo, para iluminar y hacer indicaciones ante la peligrosa entrada de nuestro puerto.

La costera de besugo se iniciaba el uno de diciembre y terminaba en marzo (principios de Cuaresma). Al practicarse esta pesca en el cantil y ser de altura, con riesgo de barcos y tripulaciones, estaba regulada y vigilada por la Cofradía en lo que se refería tipos de embarcaciones, aparejos…

En cuanto a la costera de congrio y mero, tenía lugar después de la costera del besugo. Las capturas se hacían a seis leguas de la costa, con palangres cebados de jibia y pulpo.

Fuente, “Antiguos Mareantes de Llanes”

Maiche Perela Beaumont

Imagen, Valentín Orejas

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