Por la demanda de sus pescados, besugo, congrio, mero, merluza, abadejo, pescadilla, la costera de invierno era más rentable que la de verano. Si bien, era más peligrosa, por lo que el 1 de noviembre la Cofradía de Pescadores de San Nicolás contrataba cuatro atalayeros, función que se asignaba a viejos o impedidos acompañados de un muchacho con buena vista. Éste  oteaba la mar, desde específicos promontorios, en la villa, la atalaya de San Pedro, para visualizar los cambios meteorológicos y la llegada de embarcaciones y se encendía una hoguera. También, la Cofradía contrataba un farolero, seguramente situado en la Punta de Caballo, para iluminar y hacer indicaciones ante la peligrosa entrada de nuestro puerto.

La costera de besugo se iniciaba el uno de diciembre y terminaba en marzo (principios de Cuaresma). Al practicarse esta pesca en el cantil y ser de altura, con riesgo de barcos y tripulaciones, estaba regulada y vigilada por la Cofradía en lo que se refería tipos de embarcaciones, aparejos…

En cuanto a la costera de congrio y mero, tenía lugar después de la costera del besugo. Las capturas se hacían a seis leguas de la costa, con palangres cebados de jibia y pulpo.

 

Fuente, “Antiguos Mareantes de Llanes”

Maiche Perela Beaumont

Imagen, Valentín Orejas

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