A cualquier hora que tocará la sirena, las vendedoras acudían a la Rula, y si en la subasta no les tocaba nada, porque todo el lote lo hubieran llevado los fabricantes o exportadores, se quedaban a la puerta hasta que llegara la última embarcación.

Además, en aquellos tiempos, no se utilizaban cajas de madera para el pescado, lo habitual era los llamados zardos, que se fabricaban con varas de mimbre.

Una vez pesado el pescado, se colocaban el zardo en la cabeza encima del rueño, una suerte de aro de tela, y salían de la Rula arrollándoles el agua que se colaba entre las varas. 

Así, a toda velocidad pregonaban en voz alta la mercancía y pateaban toda la Villa y alrededores para llevar a casa un salario de subsistencia.

Sirvan estas líneas como homenaje a aquellas mujeres cuya labor, tan importante en los tiempos en los que no había pescaderías, está inseparablemente unida a la historia de Llanes.

 

Maiche Perela Beaumont

Imagen, Archivo Fernando Suárez Cué.

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