PESCAS: ARTESANAL E INDUSTRIAL

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He comprobado que se habla con cierta frecuencia de las varias clasificaciones en que diferenciamos la pesca, partiendo de los cuatro grandes grupos como son: la “pesca deportiva”, la “pesca científica”, la “pesca turística”, y la “pesca comercial”. 

Centrándonos en la “pesca comercial”, que es la que por ahora nos interesa, podemos diferenciar esta clasificación en otros dos diferentes grupos: la “pesca artesanal”, y la “pesca industrial”, que, con frecuencia coinciden en algunas cosas, siendo una de las más importantes el que como a veces se dirigen a los mismos recursos, pueden dar lugar, a ciertos conflictos de identidad.

La pesca artesanal, se diferencia, en que está llevada a cabo sobre embarcaciones pequeñas, e involucra a los pescadores locales utilizando una cantidad bastante menor de capital, y con personal y equipo reducido. Estas embarcaciones, las cuales en la mayoría de los casos son de propiedad familiar, realizan viajes cortos de pesca cerca de la costa, principalmente para el consumo local y propio, faenando en la Mar, pero “durmiendo en puerto” 

La pesca artesanal puede ser destinadas al consumo propio, de subsistencia, o comercial cuando es llevada por los marineros al comercio local, el que ahora se denomina de proximidad, o “Km. 0”. 

Es en general, una pesca a pequeña escala, utilizando una tecnología de un nivel relativamente bajo, aunque existan algunas excepciones, llevada a cabo por una flota diversa de poca capacidad de captura y una amplia variedad de especies como objetivo final, aunque en ciertas regiones se considera pesca artesanal y no industrial, a la pesca que, aunque efectuada a pequeña escala, su fin es el de la exportación.

La pesca industrial, en cambio, se caracteriza por poseer una flota de alto poder operativo sobre las capturas que sean de su interés, ya que está destinada mayormente sobre una sola especie, ya sea, por ejemplo, merluza, “pixín”, fletán, calamar, marrajo o sardina. 

Emplea, este tipo de pesca, la más alta tecnología aplicada sobre la Mar, para localizar, seguir y “levantar”, cualquier especie que esté dentro de su ámbito e interés comercial, no siendo algunas veces consciente (otras veces sí, demasiadas), del daño que producen en sus playas de pesca por lograr sus fines “contra viento y marea”.

En la práctica, la definición entre pesca artesanal y pesca industrial varía de un país a otro, resultando, a veces, un poco borrosa la línea que diferencia entre ambos términos, dado que hay muchos puntos intermedios, y las distintas modalidades de pesca al igual las leyes que las regulan, siempre van cambiando con el transcurrir de los tiempos y de una población a otra, ya sea desde la recogida manual en la playa o desde una canoa una sola persona en los países poco desarrollados, hasta los arrastreros, cerqueros o palangreros de más de 20 metros en los países desarrollados.

Ahora bien, la pesca artesanal sostenible, cuenta a su favor, el que emplea al 90% de la industria pesquera global y es la base del desarrollo de las pequeñas comunidades de pescadores. Genera menos residuos de todo tipo, minimiza el consumo de energía y reduce el uso de productos químicos que se suponen dañan la capa de ozono.

Un buen ejemplo de esta pesca es el “anzuelo y la caña”, la “sibionera” o la “cesta”, ya que estos elementos facilitan un tipo de pesca sostenible, más selectiva por excelencia, y la que menos perjudica a las especies, ya que no son invasivas dentro del territorio marino. 

Con estos métodos, nuestros pescadores capturan y depositan en La Rula, para el consumo humano, las mejores piezas de bonito del norte, los más ricos calamares o las más exquisitas langostas, “andaricas”, centollos o “llubricantes”.

En la otra cara de la moneda, nos encontramos con la pesca industria, que, si bien es cierto que proporciona una fuente de alimento de alto valor nutritivo, genera empleo, mueve el comercio, dinamiza la economía y mejora la salud y el bienestar de la población, más allá de estos efectos positivos, enfrenta en el mundo el problema de la pesca ilegal y la depredación sobre extensas áreas marinas.

La pesca artesanal y sus métodos tradicionales emplean, a nivel mundial, 24 veces más trabajadores que la industrial, la cantidad descartada de sus capturas es casi nula, y contamina 7 veces menos el mundo sobre el que actúa.

Mientras y según la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y Agricultura), la pesca industrial desecha anualmente más de 15 millones de toneladas de peces, el 50% de sus capturas, y si además añadimos que la pesca ilegal es la responsable de la pérdida de 11 a 20 millones de toneladas anuales de pescado en el mundo, nos resultan unas cifras aterradoras, lo que equivale a un valor económico estimado en pérdidas de 30 a 40 mil millones de euros.

Por todo eso creo que debemos ser conscientes y demostrarles a  nuestra “gente de la Mar” que estamos ahí, que queremos entender sus problemas y darles todo el apoyo necesario que necesiten para poder desenvolverse en un trabajo tranquilo, seguro y rentable, pero sin querer ser parte y jueces de un mundo que aunque lo creamos, no sabemos nada o casi nada de él, de sus alegrías y tristezas de sus sacrificios y recompensas, en fin, de una vida que pudiendo ser una vida programada y hasta cierto punto tranquila como la nuestra, ellos la encuentran en un ambiente frio, hostil e imprevisible.

Buena Mar y hasta la vista. 

Fernando Suárez Cué

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