SEÑALES DE PELIGRO

por

(Con la colaboración del añorado amigo Paco “Fragarán”)

-F: La verdad es que fue una maravilla el poder “ratonear” en la biblioteca y “papeloteca” que obra en poder de este gran amigo que fue Francisco García Antolín, en una palabra el gran Paco “Fragarán”…¡Toma juego de iniciales!.

Y es que te puedes encontrar con papeles y documentos, los cuales pueden despertar la curiosidad, por lo menos en mi caso, de los que nunca habíamos visto, y que hasta ahora tampoco había oído hablar, y como creo que también pueden ser interesantes, o por lo menos curiosos, ya que no dejan de ser componentes históricos de nuestra Villa, para posiblemente otras muchas personas, nos vamos a permitir el lujo de contarlo… ¿Te parece Paco?

-P: ¡Adelante Nandín!, y podemos empezar con este, que es el caso del documento cuyo nombre encabeza este artículo, y que fue aprobado en Junta General, y “con acuerdo unánime de la marinería de este puerto al efecto citada”, en Llanes el día 24 de septiembre de 1902, poniendo su firma el secretario D. J. Aguirre, y el VºBº, el Presidente D. Gervasio Cué.

-F: ¿Lo leemos?

-P: Pues dice así:

“Al formalizar este proyecto de señales para avisar a las embarcaciones que estén fuera del puerto en esos días en que la mar se pica en breves momentos, o se aproxima una violenta borrasca, telegrafiada por el Vicario de Zarauz, se ha tenido muy presente el simplificarla todo lo posible para evitar confusiones que en los momentos de peligro serían muy lamentables .Por esto, una bandera colocada en el tope del mastelero, indicará que se ha recibido un telegrama del Vicario anunciando borrasca; una bandera puesta en cualquier extremo de la cruz, indicará que el mar comienza a picarse; dos banderas, que la cosa es ya grave, y que conviene no demorar la venida a puerto bogando de firme. (Con esta señal conviene ya que la lancha o bote maniobre con cuidado, y si a juicio de la tripulación cree necesario el auxilio que la Junta puede prestarle por no haber intervalos de calma o letías, avisará haciendo señales con un pañuelo, gorra, chaqueta, etc.). Al colocarse las tres banderas, es ya señal de grave peligro, por cuyo motivo el patrón en este caso, si se decide entrar porque el tiempo no le permite aguardar, hará la señal de auxilio en la forma antes prevenida, para que la Junta prepare la lancha de auxilio a la entrada de la Barruca y los salvavidas y cuerdas entre la Punta de la Barruca y la Medialuna. Cuando esto se halle preparado, se sacará una bandera por la galería Norte de la Caseta para inteligencia de los patrones, quienes decidirán lo que su experiencia y práctica les dicte.

Cuando la opinión del encargado de poner los salvavidas en la Punta de la Barruca sea que es más conveniente embarrancar en el Sablón que entraren el puerto, pondrá una bandera en el muro de la Punta del Caballo, a fin de que los tripulantes resuelvan lo que crean más conveniente. Si la opinión de aquellos coincide con la del que ponga la señal, lo indicará por medio de cualquier otra que deje comprender que van a dicha playa del Sablón, con el fin de que se lleve allí algún medio de auxiliarlos, caso de que fuera necesario.

Entiendan los marineros que estas señales no son obligatorias para ser obedecidas, sino un consejo, por el buen deseo que la Junta siente que no les sorprenda temporal fuera de puerto; por lo tanto, sobre estas indicaciones estará siempre el criterio y decisión de los tripulantes, que podrán hacer caso ó no de las señales que se les hagan.

Por las noches, habiendo embarcaciones fuera, un farol rojo colocado en un extremo de la cruz del palo de señales indicará entrada dudosa, y uno rojo y otro blanco, imposible la entrada. Si a pesar de estas señales las embarcaciones deciden entrar, indicarán sacando y ocultando varias veces una luz a bordo. Cuando se les conteste en igual forma desde la Galería del Norte de esta Caseta, será la indicación de que la Junta ha preparado algún auxilio a los que van a entrar.

A las embarcaciones forasteras se les seguirá haciendo las mismas señales que hay establecidas para ellas en todos los puertos de la provincia de Asturias.

Todos los días festivos se izará la bandera de la Sociedad, que es blanca con un ancla y una estrella pintadas de azul. No hagan caso de esta señal.

-F: Todo muy bien manín, pero lo que no sabemos, o por lo menos yo no lo sé, es que información tenía el Vicario de Zarautz, que no tuviese con antelación una villa costera como Llanes, que se encuentra en una situación geográfica más a Poniente que la anteriormente citada Zarauz, y que por lo tanto sería la primera en recibir los embates de los grandes temporales del Oeste. Otra cosa sería, que a nuestra Villa la avisaran desde el Occidente de Asturias, o desde la misma Galicia, porque si no para mi es inexplicable.

-P: Si puedes tener razón, pero alguna explicación tendrá el que esta situación se desarrollara así.

-F: Pues vamos a ver si nos ilumina un poquitín de historia, muy interesante, por cierto, sobre este famoso Vicario de Zarautz

Miguel Orcolaga (1863-1914), fue el sacerdote guipuzcoano que ha pasado a la historia como el primer “hombre del tiempo” vasco. Fundó el Observatorio de Igueldo en 1905, uno de los más veteranos que existen en España, en una época en la que la meteorología estaba en mantillas y los únicos pronósticos los proporcionaban “Las Témporas” y el “Calendario Zaragozano”, y sus avisos, casi siempre certeros, contribuyeron a salvar las vidas de cientos de pescadores, condenados entonces a jugarse la vida con las galernas. Admirado por muchos de sus coetáneos y despreciado por otros tantos, Orcolaga se ganó a pulso un sobrenombre explícito como pocos: el “Padre Borrascas”, ya que fue su mayor pretensión el ayudar a los pescadores, que llevaban una vida miserable que muchas veces terminaba trágicamente, Desde muy niño, Orcolaga tomó conciencia de los riesgos de salir a faenar en aquellas precarias embarcaciones sin cubierta (abiertas) y sin ningún apoyo técnico a la navegación. Los fallecidos se contaban cada año por decenas, mientras las familias de aquellos sacrificados marineros se quedaban en el más absoluto desamparo.

Fue posiblemente y casi sin duda, uno de los motivos que lo encaminaron a esta misión que se propuso, y de la que los habitantes de estas costas guardan un especial recuerdo, para la que probablemente es la más famosa de todas las tragedias y que tristemente ha pasado a la historia como “La Galerna del Sábado de Gloria”, que se desató ferozmente el sábado, día 20 de abril de 1878, en que amaneció un día en que soplaba una brisa suave del Nordeste, lo que hacía presagiar los mejores augurios para unos hombres habituados a mares más agitados que el que ahora se presentaba, pero que sin embargo, a mediodía el viento ya había rolado a Sur, y repuntaban rachas fuertes hacia el Oeste, por lo que algunos patrones sospechando lo peor, arriaron sus velas mayores y arrumbaron rápidamente la vuelta a puerto, aunque para desgracia de ellos, la mayoría siguieron con las faenas para no regresar de vacío.

Con la llegada del Domingo de Resurrección se empezaron a confirmar las peores sospechas y empezó el fatídico recuento de bajas, ya que la relación de pérdidas, tanto en vidas humanas como en bienes es inenarrable, o por lo menos nosotros no estamos capacitados para relacionarlas, aunque se sabe que solo en Cantabria habían perecido ahogados ciento treinta y dos pescadores (historia recogida por José Mª de Pereda en su novela costumbrista “Sotileza”), mientras que entre Vizcaya y Guipúzcoa la cifra de desaparecidos sumaba otros ciento noventa. En total fueron más de trescientas las personas que sucumbieron en aquella tarde tragados por la galerna junto a sus embarcaciones, sin contar con las pérdidas en el litoral asturiano, en la que se perdieron vidas en casi todos nuestros pueblos pesqueros en los que la galerna hizo notar su presencia, y aunque ya ha pasado más de 135 años, el recuerdo de aquella inmisericorde galerna, que sembró de dolor el sector pesquero del Cantábrico sigue muy vivo, y no sólo en la memoria de las víctimas, de las viudas, hijos y nietos de los 83 marineros que se tragó la tempestad, de los cuales 23 de ellos eran asturianos, doce de La Arena y ocho de Avilés, aparte de alguno más que se supone no registrado.

Aquella tragedia en el que fue barrida todo nuestra cántabra costa hizo que se promovieran profundos cambios en nuestras embarcaciones pesqueras, empezando a cerrarse con cubiertas corridas (lancha sin cubierta, sepultura abierta), mejorando los servicios de predicción meteorológica al tiempo que se afianzaban los distintos servicios de Salvamento de Náufragos Pero la Mar, que no entiende ni de dramas ni de mejoras técnicas, desencadenó al año siguiente otra galerna que hizo naufragar más de veinte barcos de pesca, dejando su vida en ella un total de doce pescadores, como sacrificio a las duras y muchas veces crueles aguas del mar Cantábrico.

-P: Si, pero antes de cerrar, debemos aclarar que semáforo, no solo es el aparato que vemos en nuestras calles y carreteras, sino que también es el “dispositivo de señalización óptica que se utiliza para mandar señales a un barco”.

-F: Bueno, pues por ahora, eso es todo amigu, aunque podríamos amenazar al personal con seguir “espatuyando” allí donde creamos que se puede encontrar algo nuevo que fuera de interés para todos, con el fin de poder contarlo, para así conocer más cosas sobre esta Villa de nuestras alegrías y pecados… ¿Verdad Paquín?

-P: ¡Verdad!… y ahora vamos a acercarnos hasta Pancar, que voy a llevarte a un sitio donde vas a tomar unas de las mejores almejas en lata que nunca has probado.

-F: ¡Pues venga!… Para luego es tarde.

Buena Mar y hasta la vista

Fernando Suárez Cué

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