En la tarde de Reyes de 1958, tuvo lugar en la barra de nuestro puerto un trágico suceso del que se hizo eco tanto la radio como los periódicos regionales y nacionales, y que además, durante años, se nos contó a los críos de Llanes para que fuéramos conscientes del peligro de la mar.

Aquel emblemático día, que era lunes, fue el elegido por Jaime Pando Laso, viudo y de 47 años, perteneciente a la Policía Armada, con destino en Santander, y María Concepción Rodríguez Justlago, soltera, de 27 años y vecina de Soto de Cangas de Onís,  para fijar la fecha de su enlace matrimonial, y para ello se dieron cita en nuestra villa a la que  viajaron en los respectivos trenes de Oviedo y Santander.

Tras su llegada, adquirieron unos bocadillos en un bar y en amena charla recorrieron distintos lugares, ya que el día, a pesar de ser en pleno invierno, era espléndido, aunque la mar estaba embravecida. Como remate a su paseo se acercaron al espigón de la barra, ajenos al peligro que corrían y, seguramente por estar enfrascados en los planes de su futura boda, no se percataron de las advertencias  que se les hacían, por voces y señas. Entonces, una imponente ola les arrastró por el aire, llevándolos a las proximidades de la entrada de las aguas de nuestra ría, mientras se oían los gritos de horror y de angustia de cuantos lo presenciaron.

La ayuda fue inmediata, en una motora, patroneada por Adolfo García se embarcaron Tiquiano Díaz, Quico Panza, “El Negrín”, Vicente Peña, Lucas San román, Antonio Carriles, Manuel Patiño, Pepín Meré, Paco Carrandi, Francisco Herrero y Félix Rodríguez, y desde tierra, también saltó  al agua, vestido y todo, el joven Tomás Amieva.

Asimismo, se lanzó un cabo desde la Tijerina, al que Jaime Pando pudo adherirse, pero no María Concepción, que fue rescatada de las aguas y depositada en nuestro muelle, donde falleció a pesar de la diligente y activa asistencia del médico don Gabriel Sotres.

Durante tiempo no se dejó de comentar que, debido al arrojo de nuestros marineros, que expusieron sus vidas para salvar otras, pudo aumentarse más esa fatal desgracia, pero es bien sabido que  el sentido de humanidad de los hombres de mar siempre prevalece.

 

Fuente, “El Oriente de Asturias”

Maiche Perela Beamont

Imagen, Valentín Orejas

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