Vicente de la Torre es el armador y, antes de la jubilación, también patrón de la lancha “Punta Mendía”, uno de los 7 barcos que forman la flota operativa de la Cofradía de Pescadores Santa Ana de Llanes.

Aunque no es llanisco, ya que nació en Pimiango, preciosa localidad del Concejo de Ribadedeva, el 8 de diciembre de 1957, lleva desde el año 1992 teniendo sus barcos con base en la puerto de Llanes.

Tiene a gala ser de los pocos marineros de Pimiango, ya que cuentan que hasta el siglo XVI los habitantes de ese pueblo se dedicaban a la pesca con sencillas barcas, pero por esas fechas una fuerte e inesperada galerna las hizo zozobrar, pereciendo todos los pescadores, quedándose solo en el lugar mujeres, niños y ancianos, los cuales nunca olvidaron como sus familiares intentaron, en vano, ganar la costa, y tras jurar que ninguno de los suyos volvería jamás a la mar, se apartaron del litoral y se hicieron zapateros.

Pero a Vicente, ya de muy  niño, le apasionaba ir a pescar a la  costa con su padre, que se llamaba como él, Vicente de la Torre, a pesar de que a su madre, María Jesús Ruiz, no le hacía demasiado gracia, debido a la corta edad del crío. 

Estudió Bachillerato, y durante los veranos salía de acompañante en los barcos de Elías y Lolo Peñil: “Tres Hermanos” y “Natacha”, en los cuales aprendió el oficio y se dio cuenta de que lo suyo era la mar. 

No obstante, trabajó en la construcción algunos años, hasta que, tras hacer el curso de Competencia Marítima y el de Patrón y Mecánico, compró el barco “Nuevos Aires Vascos” y después, en 1997, el “Punta Mendia”, barco que lleva en su proa el escudo de Asturias.

Asimismo, Vicente  fue pescador de angula en Bustio y en La Franca.

Confiesa que, si bien nunca naufragó ni tuvo ningún problema importante en la mar, pasó miedo en múltiples ocasiones sobre todo entrando con marejada en el puerto de Bustio. También, como otros de los marineros de estas costas, recuerda que en sus redes caían especies extraordinarias, como tortugas laúd, que deben el nombre a su parecido al instrumento musical.

Desde su jubilación, es un habitual del puerto llanisco y no se pierde cada tarde la arribada de su barco gobernado por José María Herrero, “Choche”.

En el año 1977, se casó con Fifi Collera, llanisca de Santa Eulalia de Carranzo, aunque se crió en Posada. Son padres de tres hijas, Mónica, Vanesa y Cristina, y abuelos de  Diego, Manuel y de María, que tiene los ojos, al igual que su abuelo, de un intenso color azul.

Imágenes: Valentín Orejas

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