VIENTOS DEL SUR

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Desde que el hombre se adentró en los grandes piélagos tuvo que enfrentarse a todas las situaciones, peligros y misterios como la Mar le quiso presentar, y tuvo que aprender a convivir con ellos, en una especie de amor-odio, ya que, aunque los temiera, tenía la curiosa necesidad de adentrarse a ellos, en busca de aventuras unos, y en busca de oro otros.

Todos ellos buscaron sus caminos, celosamente guardados, para poder trasladarse sobre las aguas en el menor tiempo posible, y para ello exploraron, encontraron y aprendieron a navegar sobre las rápidas “autopistas” que marcaban algunos de los más determinados, constantes y fuertes vientos marinos.

En mares más australes se encuentran otros vientos de circulación latitudinal que han sido bautizados por los marinos con nombres análogos, en relación con su latitud de predominio.

De todos estos vientos, quizá los más constantes, fuertes y violentos, son los que nos encontramos por debajo del paralelo 40 del hemisferio Sur, ya que, si nos fijamos en una reproducción de nuestro planeta, al circular por debajo del citado paralelo, no hay tierra que les obstaculice su andar, por lo que le dan la vuelta al mundo libremente, sin obstáculos.

A menudo, los marinos y regatistas, ya sea a lo largo y ancho de sus largas travesías, tienen que hacer frente a determinadas zonas en las que la fuerza del viento dificulta en exceso la navegación. Algunas de esas zonas, las que se corresponden a las que están por debajo del citado paralelo, los vientos soplan con una fiereza tal, que se han ganado una amarga fama, conociéndolos bajo el apelativo de “Los Vientos del Sur”, en general y como los “40 Rugientes”, los “50 Aulladores” y los “60 Bramadores

LOS “40 RUGIENTES”

Estos vientos, se desplazan sobre la zona que está comprendida entre los paralelos 40 S y 50 S. Un lugar que tomó gran parte de su fama en el siglo XIX, pues era por la que navegaban los famosos “Clippers” (del verbo inglés to clipp = cortar) surcando sus aguas (“cortándolas” con sus proas), a una velocidad endiablada gracias al impulso que recibían de estos vientos provenientes del Sur. De este modo, dominaban todo el pasillo que conectaba la Europa más occidental con Australia y Nueva Zelanda.

Sin embargo, ya en el Siglo XVII, Hendrik Brouwer (1581- 1643) un navegante, explorador, pirata y administrador colonial neerlandés, recordado por haber descubierto en el océano Índico la zona de los “Rugientes cuarenta”, logró conectar Sudáfrica e Indonesia gracias a la fuerza de estos vientos. Unos vientos que, como no podía ser de otro modo, son capaces de crear unos temporales que pueden llegar a ser devastadores tanto para los marinos como para las embarcaciones.

LA VIOLENCIA DE LOS 50 AULLADORES 

Si bien es cierto que los 40 rugientes tienen una fama merecida en medio mundo, hay otros vientos no le andan a la zaga. Y es que, un poco más al Sur, entre los paralelos 50 y 60, nos encontramos con los denominados “50 aulladores”. Unos vientos que han convertido algunas vías marítimas en verdaderos corredores de la muerte.

En este caso tendremos que retrotraernos a los inicios del siglo XVI, concretamente al año 1520, para ser testigos del testimonio de Magallanes, el cual, fue el primero en escuchar los aullidos de estos vientos del sur tan peculiares. Unos sonidos devastadores que se desarrollan como consecuencia de las fuertes borrascas que se crean en las zonas más cercanas a la Antártida.

EL MISTERIO DE LOS 60 BRAMADORES 

Sin embargo, todo lo anterior queda en nada cuando nos aproximamos a las inmediaciones del paralelo 60. Allí, anclados en las zonas más próximas a la Antártida, se pueden encontrar los “60 bramadores”.

En este caso, no obstante, hay que decir que nos encontramos con el conjunto de vientos del sur, de los tres vistos, que menos se ha podido estudiar. Pocas son las personas las que se han atrevido a indagar por aquella zona y pocos son los datos concretos que se tienen. Sin embargo, de lo que no cabe duda es que son vientos con una fuerza muy superior a los anteriores ya que son consecuencia de borrascas muy violentas.

De todos modos, sea como fuere, lo cierto es que independientemente de la fuerza de estos vientos, los marinos los utilizan para atravesar zonas muy concretas de la geografía planetaria a una gran velocidad arriesgando, eso sí, tanto su integridad física, como la integridad económica de sus barcos, cargas y pertrechos.

Buena Mar y hasta la visita.

Fernando Suárez Cué

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