Es sorprendente que en un puerto tan pequeño y de difícil acceso hubiera habido tal multitud de embarcaciones balleneras,  y que otras se aventuraran a países europeos para comerciar con nuestras avellanas, nueces y mineral de hierro, trayendo paños, trigo, aceite vino…

Y qué decir del abra de Niembro desde el que se exportaba limones y naranjas.

Eran aquellos lejanos tiempos en que de una a otra orilla del río se pasaba en las lanchas de “las barqueras”, que dieron nombre a esa zona de las marismas.

Maiche Perela Beaumont

Imagen, lámina del libro “Llanes, siglo XIX”

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