Cuando las lanchas había que amarrarlas al muelle debido a la estación invernal, los pescadores echaban el ancla en los bares.

Entre los preferidos estaba Casa Ángel, que más que un bar resultaba un refugio donde protegerse de las inclemencias del tiempo, y cuyos propietarios eran Ángel Gutiérrez Cibrián y su mujer Josefa García Llerandi. Él tenía soluciones para todo y gozaba de una memoria prodigiosa, ella afable y comunicativa. Una placa en la calle Cimadevilla recuerda donde vivió el matrimonio.

Después, en el año 1968,  se instaló en aquel local “Los Candiles” y más tarde, mediados los 70, el restaurante “Uría”.

En casa Ángel se escuchaban a los viejos pescadores contar aventuras de cuando andaban a remo y hacían singladuras hasta las playas de pesca de la Blancona y Abascal, donde solían coger langostas, congrio y mero.

También, eran habituales en aquellos días en tierra los juegos de mesa, sobre todo la subasta y prácticamente todos los pescadores conocían los entresijos de este juego.

Maiche Perela Beaumont

Imagen, recogida en el semanario “El Oriente de Asturias”

Imagen placa, Valentín Orejas

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