| Por Guillermo Fernández Buergo

El lunes y el martes de esta semana se vendieron en la lonja de la localidad cántabra de Santoña un millón de kilos de bocarte: 400.000 el lunes y 600.000 el martes. Se necesitaron 100.000 cajas verdes para dar salida a la mercancía. El martes, a las seis de la mañana, entraron en el puerto 60 embarcaciones cántabras, vascas, gallegas y asturianas y dos horas más tarde todo el pescado estaba vendido. El kilo de bocarte era de una media de 40/42 piezas.

No obstante, según me comenta una amiga de la localidad, Santoña «mantiene desde hace 61 años el récord mundial de venta de pescado de una misma especie capturada con arte de cerco en una sola jornada». Cuenta la santoñesa que el 5 de abril de 1960 se vendieron en la lonja local 1.541.664 kilos de bocarte, a un precio medio de 3,55 pesetas el kilo. Por aquel entonces había en Santoña 118 fábricas de conservas, entre pequeñas y grandes. Los lugareños jamás habían visto el muelle tan abarrotado de cestos y tampoco miles de manos descargando pescado hasta las doce de la noche. Eran épocas de abundantes capturas en el Cantábrico, los bancos de pesca se encontraban a escasas millas de la costa y la cuota del bocarte la fijaban los marineros y no las diferentes administraciones actuales con mando en plaza.
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