León Picardo, tallista que trabajaba en el retablo de la Iglesia, le contó a Laurent Vital, cronista del que sería emperador, que “en toda la costa de Asturias y Vizcaya no había región más peligrosa y propicia para perecer los barcos que los alrededores de esta villa, pues, cuando, por infortunio y tormenta, eran arrastrados a dos o tres tiros de ballesta cerca de la tierra y como es tan escarpada, montañosa, llena de picos y rocas, en poco tiempo, se rompían y rajaban porque dicha rocas no aparecían fuera del agua”.

Maiche Perela Beaumont

Imagen, Valentín Orejas

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