¡Ay! ¡Me picó un escorpión!
Yo no sé qué pensará el doctor en medicina que lea esto que voy a contaros, pero doy fe de que no me separará ni un pelín de la más pura y verdadera realidad, respecto a lo que me pasó.
Yo no sé qué pensará el doctor en medicina que lea esto que voy a contaros, pero doy fe de que no me separará ni un pelín de la más pura y verdadera realidad, respecto a lo que me pasó.
Gracias al patrón del Virgen de Guía, que sabía mejor que nadie que yo soñaba con volver a salir a la mar, no me quedé en marinera por un día.
En esta segunda ocasión, al resultarme todo más familiar y al estar liberada del mareo -tuve la precaución de tomar pastillas-, dejaron mis ojos de perderse en el mar y me sentí capaz de fijarme en cada cosa, de no perderme detalle.
“¿Hasta cúando? Estamos en marzo y sigue el temporal de vientos huracanados, nieves y lluvias que se inició en esta región oriental a mediados de diciembre del año próximo pasado. De continuar así por más tiempo, es indudable que la miseria más espantosa vendrá a cernerse sobre el hogar del infeliz marinero, que en esta época del año se dedica con noble afán al ejercicio de la pesca para adquirir un pedazo de pan y alimentar a su familia”. (EOA)
Siempre estuve muy agradecido y orgulloso de la educación recibida, pues partiendo de la que me dieron mis padres, estos tuvieron además la gran certeza de donarles a mis enseñantes parte de su autoridad, para que ejerciéndola sobre mi como si fueran ellos mismos, me diera cuenta de que el colegio era una continuación de la casa, y que, por lo tanto, había ciertas formas y maneras que eran indiscutibles por su propia esencia.
De manera serendípica me he topado con la que pudiera ser la primera Salea documentada de Llanes.
No existe memoria histórica de la introducción de la Salea en nuestra villa. Sabemos que, por su elevado coste económico, era un festejo reservado para conmemorar destacados eventos. Manuel García Mijares asegura, en su libro