De manera serendípica me he topado con la que pudiera ser la primera Salea documentada de Llanes.

No existe memoria histórica de la introducción de la Salea en nuestra villa. Sabemos que, por su elevado coste económico, era un festejo reservado para conmemorar destacados eventos. Manuel García Mijares asegura, en su libro “Apuntes históricos sobre Llanes”, que se celebró una gran Salea en el año 1330, para solemnizar la inauguración de la Hospedería de San Roque, y otra, en los tiempos de los Reyes Católicos, con motivo de la consagración de la  iglesia parroquial. Por su parte, Antonio Celorio Méndez-Trelles, en “Antiguos mareantes de Llanes”, escribe que no existen documentos de los antiguos rituales, llegándonos información a partir de la segunda mitad del siglo XIX; y añade que los bandos, La Magdalena y San Roque, incluyeron en sus programas festivos de finales del XIX y principios del XX la realización de Saleas. Y así hasta la mitad del anterior siglo  en que vuelve a coger el testigo la Cofradía de Pescadores.

La  Salea, que justifica estas líneas, tuvo lugar a principios del XIX, exactamente el 24 de junio de 1819, y fue recogida con todo lujo de detalles por la Gaceta de Madrid, en su edición del  día 22 del mes siguiente. 

Relata aquella suerte de Boletín Oficial del Estado, que en Llanes, aquel día del recién estrenado verano, el Gremio de Mar de esa villa, en unión con los empleados de Rentas Reales del Partido, realizó en la ría una diversión pública, conocida en esa tierra con el nombre de Salea, en homenaje del augusto matrimonio de S.A.R. el infante Don Francisco de Paula.

Los lectores que hayan llegado hasta aquí, tal vez, como yo, se pregunten: 

¿Quién era ese miembro de la familia real? 

¿Qué parentesco tenía con el rey que ostentaba la corona en ese momento?

Me faltó tiempo para enterarme de que se trataba del hermano pequeño de  Fernando VII que, el 12 de junio de de aquel mismo año de 1819, había contraído matrimonio con una sobrina, la princesa napolitana Luisa Carlota de Borbón-Dos Sicilias, con la que tuvo 11 hijos, llegando a ser uno de ellos rey consorte de España por su matrimonio con Isabel II.

Una vez “puesta la cara” al homenajeado, continuamos extractando la meticulosa y larga descripción de la Salea llanisca en la antigua publicación madrileña, que refiere, entre otras cosas, que a las tres de la tarde, después de darse a conocer al público por edictos en los parajes de costumbre, se anunció la salida desde el Cabildo del Gremio de Mareantes con llamada de tambor y una descarga de fusilería. Y tras reunirse en el pórtico de esa Casa las jóvenes, lindamente ataviadas, a quienes corresponden el primer lugar en semejantes fiestas, partieron, en compañía de ambas corporaciones y de un gentío inmenso, hacia el puente, sin dejar de tocar la pandereta y cantando las canciones que hace tiempo inmemorial son propias de esta villa. Una vez alcanzado su destino, donde un numeroso público, que había acudido de todas partes, les esperaba con impaciencia, entraron las jóvenes en la lancha que conducía la Salea, atracada en el muelle llamado puerta del Llegar. Luego de colocarse en orden en dicha lancha, vistosamente pintada al igual que los remos, bajo el gobierno del Mayordomo del Gremio y 20 remeros, vestidos de blanco con fajas encarnadas, partió y dio 15 carreras, desde la boca del puerto hasta la fuente de la villa. Concluidas dichas carreras, se presentaron sobre el muelle varios jóvenes decentemente vestidos, que conducían un magnífico y abundante refresco, que la lancha de la Salea recibió atracándose al muelle, y en seguida, volviendo a desatracar, se dirigió y colocó en el medio de la ría, en donde las doncellas disfrutaron del expresado refresco mientras entraban en escena fuegos artificiales.  A continuación, el Mayordomo del Gremio de Mar, desde la popa de la lancha, cuyo timón nunca desamparó, pidió silencio al público, y en alta voz, quitando la gorra, brindó a la salud del rey, a cuya demostración los marineros, quitándose también sus sombreros, gritaron por tres veces : ¡Viva el rey!. Acto seguido el Mayordomo brindó por la salud del infante y su  esposa, en cuyo obsequio tenían el honor de hacer aquella fiesta marítima.

Por último, añadía la reseña que acabada la fiesta del litoral, en todo el mejor orden y sin la más mínima desgracia, se dirigieron las doncellas, en compañía de su padres y miembros de las corporaciones, a disfrutar de una opulenta cena que les habían preparado en una casa de la villa.

Y con la esperanza de que la Cofradía de pescadores Santa Ana pueda seguir celebrando su Salea en el día de su patrona, me permito acabar con un popular verso: 

“Partamos con dignidad

y  fraternal alegría

a embarcarnos en la lancha

que nos espera en la ría”

Fuentes:

“La Gaceta de Madrid”

“Apuntes Históricos sobre Llanes”

“Antiguos Mareantes de Llanes”

“El Oriente de Asturias”

Por Maiche Perela Beaumont

Imágenes, “El Oriente de Asturias” y Valentín Orejas

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