En una vía trasversal de Llanes, la que une la calle de Marqués de Canillejas con la Plaza de las Barqueras, existe una placa señalando que estamos en la calle de El Adelantado de la Florida.

Tengo que reconocer, con cierta vergüenza, que de este personaje, como de otros que dan nombre a nuestro callejero, tengo unos conocimientos elementales, para salir del paso.

Así de El Adelantado de la Florida sabía, además de que había nacido en Avilés a principios del siglo XVI y que su nombre fue Pedro Menéndez de Avilés, que reconquistó la Florida, fundó la ciudad de San Agustín y gobernó Cuba.

De lo que no tenía idea era de la vida del insigne marino con anterioridad a sus hazañas por tierras americanas, desconociendo que a los 14 años -sin duda por haber crecido escuchando historias de piratas y corsarios que de aquellas asolaban nuestras costas- se echó a la mar, que sin cumplir los 20 armó su propio barco y abordó dos embarcaciones de la gabachada en Vigo, y que seguidamente salió a buscar a 18 barcos españoles secuestrados en la zona de Finisterre, logrando recuperar algunos de ellos.

Tampoco, conocía que enterado el emperador Carlos I del arrojo y valentía de este asturiano le concedió patente para que continuase la lucha contra los piratas del Cantábrico, y que Felipe II le confió el mando de la flota que lo condujo a Inglaterra para conocer a María Tudor, tía segunda suya, con la que meses antes había contraído matrimonio por poderes.

Menos aún, tenía noticia de que en la ciudad de San Agustín, el primer asentamiento occidental en Norteamérica, celebran “Menéndez Day” (día de Menéndez), recreando la expedición española, que el marino avilesino comandó, con un desfile por las calles de la ciudad en el que participan habitantes de San Agustín como magos, soldados, bailarines músicos, artesanos, reservando el papel principal, el de Pedro Menéndez de Avilés, a un actor de renombre.

Lo que si sé desde cría es que el egregio personaje, cuando se preparaba para zarpar al frente de una gran flota para liberar Amberes, y quizá para invadir Inglaterra, murió en Santander, y que el barco que trasladaba su cadáver a Avilés tuvo que entrar de arribada en el puerto de Llanes para protegerse de una galerna, permaneciendo su cadáver enterrado durante 17 años en el interior de nuestra iglesia parroquial.

Y esa es la razón por la cual este importante marino, a la altura de Pizarro y Hernán Cortés, tiene dedicada una calle en la villa de Llanes

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Maiche Perela Beaumont

Fotografía, Valentín Orejas

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